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viernes, junio 19, 2009

La mejor credencial



Me encantan las credenciales, ya sea de periodista, traductor, o fotógrafo. No soy ninguna de las tres cosas, pero he tenido el inmenso regalo de que me las hayan dado en momentos precisos para sacarles el jugo.



La primera fue en el Vaticano, cuando fui a ayudar a cubrir el encuentro de los Movimientos con el Santo Padre en el 2006 para la Oficina de Prensa de Schoenstatt. Esa credencial que decía “Stampa” (Prensa), ¡qué poderosa era! Los guardias me dejaban caminar por toda la plaza de San Pedro, tomar fotos y vídeos, entrar a la Sala de Prensa de la Santa Sede y subir al techo sobre las columnas de San Pedro. Desde allí pude admirar impresionada los cientos de miles de personas reunidos la víspera de Pentecostés en torno al Santo Padre ese año. Guardo orgullosamente esa credencial.

En Febrero del 2009 acudí a otro llamado de la Hna. Kornelia,. Cómo decir que no, me ofrecía ir de traductora del inglés al español en la Conferencia 2014. Era nada menos que la primera vez en la historia que miembros del Movimiento de Schoenstatt Internacional se reunían de forma oficial, y lo hacían nada menos que para reflexionar en la preparación espiritual y material del centenario del Movimiento. Había Hermanas y Padres importantes en Schoenstatt que querían participar en la Conferencia, pero no podían... sólo lo podían hacer los delegados de los países, de las comunidades y nosotros, los voluntarios. Gracias a esa credencial pude experimentar de cerca un espíritu de Cenáculo, de unidad en nuestro Padre y Fundador, en el que pudimos volver a la esencia y raíz de nuestro Movimiento. Parece simple pero es claro, lo esencial es: La Alianza de Amor, el Santuario y la Misión. Al final nos hicieron entregar las credenciales y ponerlas en una canasta. Cada persona iba sacando una, y esa era la persona por la que le tocaba rezar. No sé a quién le toqué yo... pero me hubiera encantado guardarla...

La última credencial que disfruté enormemente no la esperaba, casi me cayó del cielo. Me la dio la Chulla Avilés el día de la Bendición del Santuario de Ciudad Celeste. Decía “fotógrafo oficial”. Cuando alguien pretendía impedirme el paso la enseñaba. “¡Ah!” me decían, “siga nomás”. Me indicaron que después de tomar las fotos desde la mitad del camino a la Mater cuando hacía su ingreso, me fuera hacia delante. Así lo hice, y de repente me encontré tomando fotos dentro del Santuario. Cuando iban a empezar a colgar el cuadro de la Mater, y a armar sus elementos y arreglos, la Hna. Leticia pidió a los que no iban a ayudar que nos retiráramos. Cuando, resignada, me disponía a salir me dijo, “tú puedes quedarte”. Estoy totalmente segura de que era la persona que menos merecía estar ahí adentro en ese momento de cielo. Me emociono de sólo acordarme. Amo esa credencial y también la guardo de recuerdo.

¿Por que traigo a colación este tema de las credenciales?

Hace poco alguien me hizo dar cuenta que el miedo y la angustia son los principales obstáculos en la relación con los demás y con uno mismo. Existe el miedo a perder a algún ser querido, miedo al futuro de los hijos, miedo a que me abandonen, miedo al qué dirán, miedo a quedarme sin trabajo, etc. Y cuando me dejo sucumbir por esos miedos o angustias, me traiciono a mí mismo. En algunas conversaciones con personas amigas pude comprobar que era eso, el miedo o la angustia lo que parecía ser la raíz del algunos de los problemas. El Padre Kentenich, por supuesto ya lo tenía muy claro hace años:

“¿Qué entendemos por angustia? Miedo y angustia son, en parte, equivalentes, y en parte, distintos. Miedo es el estremecimiento y temblor ante un peligro amenazante que se ha reconocido claramente. Angustia es el estremecimiento ante un poder secreto y oscuro. Hoy existe gran inseguridad en todos los aspectos y en todas partes. por eso nuestro corazón es presa de cierta angustia. ¿Seré capaz de asumir la vida? ¿Tendré suficiente para comer? Por todo esto podemos decir que la angustia es un sentimiento primordial del ser humano. Todo hombre por ser hombre, por estar arrojado en este mundo de hoy y acechado por peligros en todas partes, padece angustia. De ese sentimiento, como de una raíz brota todo un complejo de otros sentimientos. No raras veces existe una cantidad de afectos y acciones contaminadas por la angustia. “(Dios Presente, PJK, Patris)

Y yo me preguntaba al conversar con todas estas personas, (conversaciones que disfruté enormemente), cómo podía yo transmitir la importancia de no dejarse llevar por ese miedo o esa angustia. Y encontré esto:

“La persona audaz no camina sin angustia por la vida, pero camina sin una angustia especial. No peregrina por la vida con piernas temblorosas, Por ejemplo, no es una vergüenza que nosotros, arrojados en medio de las dificultades del tiempo de hoy, sintamos que se nos estremece el corazón. Es algo muy humano, hasta Jesús lo padeció. Nosotros decimos que el hombre audaz camina por la vida y asume las dificultades sin una angustia especial.” (Dios Presente, PJK, Patris)

¡Ah! ¡Qué ilusa yo! Es normal experimentar miedo o angustia. Es humano.

Pero a su vez hay que caminar por la vida como si se caminara con una credencial muy especial... ¿Cuál?

“¿Cómo se muestra en la práctica? Con fe sencilla en la divina Providencia, la persona audaz ataca en todas partes el plan del Amor Eterno. Confía que al final, todo saldrá bien. No se preocupa angustiosamente, como un pagano. No nos dejamos absorber por las necesidades materiales. En lugar de andar en pos de las cosas, nos entregamos con sencillez a Dios Padre. La inseguridad está integrada a los planes de Dios a fin de que reconozcamos nuestra dependencia de Él.

Nuestra vieja consigna que ha obrado cosas casi imposibles, reza así: “Mater habebit curam”, la Madre cuidará. Recitándola, hemos cruzado los mares, hemos edificado casas. No nos preocupemos angustiosamente. El sentido más profundo de la inseguridad de la vida moderna es que nos hace bien padecer una cierta inseguridad económica. El sentido es tener la seguridad en Dios. Sólo debemos comprenderlo cabalmente y actuar en consonancia. “(Dios Presente, P. José Kentenich, Ed Patris)

Si caminamos por la vida con la credencial de la Fe Práctica en la Divina Providencia, en la cual está escrito “Mater perfectam habebit curam et victoriam”, podremos sortear numerosos obstáculos, mejorar nuestras relaciones, mirar la vida diferente,. Podremos entrar al Santuario -el Tesoro de Schoenstatt- mirar a la Mater a los ojos, y tener la seguridad de que todo va a estar bien.
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domingo, junio 15, 2008

Ya sé que no se estila

La letra del vals ‘Amarraditos’ se me viene a la mente cuando pienso en actitudes que ya no se estilan en el mundo de hoy. Por ejemplo la preocupación por los demás, el servicio desinteresado. En el mundo de hoy, la prioridad es uno mismo. Tener paz mental, estar en buen estado físico, tener tiempo para relajarse y hacer lo que a uno le interesa y le gusta, divertirse y pasarla bien. Nada de esto está mal, si es que no se pierde de vista la perspectiva de para quién uno debe estar bien, en equilibrio, en forma: para los demás, para la familia, los amigos, los compañeros de estudio y de trabajo, o para las personas que lo necesitan.

Gracias a Dios, hay todavía muchas personas que sí viven para los demás y nos dan ejemplo, entre ellas muchas de nuestras mamás... también de seguro se nos vienen a la mente ejemplos de personas que conocemos y que se destacan por el desinterés y por que siempre están ahí cuando los necesitamos, esa gente que sabe escuchar y poner el hombro.

Y si me preguntan cuál es el estilo de vida schoenstattiano, que en realidad está enraizado en el auténtico y milenario estilo de vida católico, aunque no lo pueda definir en una frase, lo describiría así: es esa actitud de interés en el otro, de atención a lo que el otro necesita, de hacer sentir a la otra persona que es importante, ese ser acogedor y hospitalario, ese crear vínculos entre las personas. El Padre Kentenich lo define mejor, es ese estar “el uno en el otro, con el otro, para el otro”.

Y si hablamos del Padre Kentenich, él lo vivió a cabalidad. Hay cientos de testimonios de cómo al llegar a conocerlo o a conversar con él, se preocupaba de cada detalle de la persona, incluso si ya había comido, la persona era el centro. Si alguna vez tienen oportunidad, les recomiendo ver el emocionante video-testimonio del Padre Horacio Rivas sobre el Padre Kentenich, en www.schmedia.cl (Contenidos / Padre Kentenich).

He tenido, como muchos de ustedes, la alegría de experimentar esa hospitalidad schoenstattiana en muchas oportunidades, y en especial cuando me ha tocado visitar centros de hermanas marianas. Hace poco tuve el regalo de estar unos pocos días en Chile, en el que aproveché de visitar a algunas hermanas, que bueno, son como mis hermanas, y me maravillé de nuevo con toda la preocupación y detalles con que me atendieron. Asimismo he sentido ese calor de hogar en casa de familias schoenstattianas y con muchos hijos del Padre.

Ese estilo, esa calidez, ese servicio, lo queremos aprender de un modelo extraordinario, María, nuestra Madre.

En mi ‘Hacia el Padre’ conservo desde hace muchos años una pequeña foto del Padre que en la parte de atrás tiene un escrito del Padre Kentenich que para mí, es el secreto para poder vivir ese estilo de vida mariano. Está en alemán y seguramente existe una buena traducción en alguna parte, pero yo ofrezco mi interpretación.

“Conserve su lugar en el corazón de la Madre de Dios. Allí pertenece Ud. en cada suceso, en cada caída. Allí encontrará paz, silencio, seguridad y confianza en la victoria, en cada acontecimiento, en cada momento. Haga Ud. el bien donde tenga oportunidad, y contemple en todo la bondadosa mano del Padre, quien guía y conduce su destino siguiendo un sabio plan de vida. Medite siempre en esta sencilla verdad: Dios es Padre, Dios es bueno, bueno es todo lo que hace. Cuando Ud. se aferre a esta verdad, dominará la vida, y será una fuente de bendición para muchos.”
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martes, julio 17, 2007

Se buscan héroes

Descubriendo la vocación

Generalmente en Schoenstatt nadie te persigue para que te hagas ‘curita’ o ‘monja’, y si le pasó a alguien... puede estar seguro de que es una excepción. Justamente Schoenstatt es un Movimiento cuyo fundamento es la libertad, pero una libertad basada en el profundo conocimiento de uno mismo, donde uno se pone metas propias y anhela cumplirlas por amor. La palabra mágica en Schoenstatt es “magnanimidad”. Bien lo decía el Padre Kentenich el 18 de Octubre de 1914 “No simplemente lo grande, ni algo más grande, sino precisamente lo más excelso ha de ser el objeto de nuestros esfuerzos intensificados.” Es el “héroe” en nosotros, el que debe reflexionar cuál es nuestra misión de vida.

En nuestro mundo actual, donde priman los valores materiales y donde el rey es el “Yo”, no hay muchas ocasiones de plantearse la vocación. Quizá algunos jóvenes han tenido el regalo de asistir a una ordenación sacerdotal o toma de hábito, y se lo han planteado al darse cuenta que aquellos que han seguido ese camino se los ve plenos, realizados, felices y lo empiezan a considerar como una opción de vida.

Recuerdo que a mí, la primera vez que se me pasó por la cabeza que la vida religiosa era una opción, fue al leer un libro sobre Bárbara Kast, una joven chilena del Movimiento, una chica alegre, líder, llena de vida, que se cuestionaba su vocación. Luego también me llamó mucho la atención haber visto en Schoenstatt, Alemania, a tantas hermanas con rostros felices... Hace poco una hermana de grupo de la Juventud nos recordó que encontramos nuestro nombre de grupo en el balde de una camioneta, y debo reconocer que la formulación definitiva de mi ideal personal “se me vino” una vez cuando estaba tomando la sopa. El Padre Kentenich decía que Dios era un Dios de la Vida y te habla a través de personas que están a tu alrededor o en cosas sencillas de la vida diaria. Por tanto, hay que afinar el oído, por que cuando Dios llama, no viene un coro de ángeles a anunciarlo.

Sea cual sea la vocación... lo importante es planteárselo, hacerse la pregunta, rezarlo. Este planteamiento puede servir también para encontrar la misión de la vida de cada uno. Hay una gran diferencia entre simplemente ir con la corriente, enamorarse y casarse, que antes habérselo planteado y haber decidido que el matrimonio es el camino para uno, con todo lo que eso implica.

El camino de la vida religiosa parece el más difícil, hay un gran temor, el de equivocarse. Pero si se tiene esta inquietud, es muy bueno compartirlo con alguien que pueda asesorar, ayudar a discernir. Incluso si después de un proceso uno sigue el llamado, y después de un tiempo no resultó ser, siempre será una excelente experiencia. Algo que ayudará a la persona a madurar y a ver las cosas desde otro punto de vista, a conocerse mejor y a tener más claro lo que Dios quiere de uno. Lo digo por experiencia.

Tengo que hacer una aclaración... la verdad es que todos tenemos la misma vocación... Talvez esto suene confuso, pero dejemos que el Padre Kentenich lo explique:

“Nuestro esfuerzo, en cualquier profesión, ya sea si soy asistente del hogar, profesora o trabaje en un negocio, así como cada uno tiene una profesión, tenemos una profesión como Familia: y lo mismo sucede con los religiosos, tienen la profesión de la santidad. Nuestra profesión es aspirar a la santificación de la vida diaria; quien se conoce a sí mismo comprenderá correctamente. Realizar todo en forma perfecta hasta en los más mínimos detalles de la vida cotidiana y hacerlo por un amor sublime a Dios exige el esfuerzo de todas las fuerzas morales. Eso exige una fuerza moral heroica. (...)

Comprueben si acaso no es verdad que quien despierta el héroe en nosotros es quien nos pone las mayores exigencias. Seguro que en nuestra vida hay momentos en que tenemos tendencia a relajarnos. Pero no lo soportamos durante mucho tiempo. Apenas se despierta lo noble en nosotros, no estamos conformes con los placeres, ni con todo aquello que nos hace egoístas y apegados al yo. Entonces surge la tremenda tendencia en mí a dejarlo todo y entregarme a una gran misión.” (Padre José Kentenich, Pláticas en Suiza, 1938)
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martes, mayo 01, 2007

La verdadera Audacia: una escalera para descubrir a Dios en nuestra vida.

(Publicado en Revista Familia del Padre - Ecuador)

A veces admiramos a esas personas audaces, capaces de desafiar el peligro. Seguro todos tenemos algún amigo o amiga que le gusta hacer alas delta o rafting, que disfruta del riesgo. Otros por necesidad sortean audazmente toda clase de obstáculos, como por ejemplo todos aquellos que tratan de llegar a Estados Unidos por cualquier medio y pasando penalidades inimaginables.

Se necesita a veces una cierta audacia para poder sortear dificultades que se presentan en la vida diaria, o para enfrentar algún cambio, pero no siempre encontramos la fuerza que necesitamos. Cuantas cosas no hemos dejado de hacer por temor…

A todos se nos viene a la mente la novena del Padre Kentenich, “Audaz en el riesgo”, y si reflexionamos en muchos de los acontecimientos de su vida, el Padre fue una persona muy audaz, recordemos por ejemplo el paso que dio alrededor del 31 de Mayo, defender su obra, sabiendo las consecuencas que ello traía consigo.

Pero la audacia de la que él habla no tiene que ver con el gusto por el peligro, sino que tiene su base en una relación filial con Dios Padre. La llamaba “la genialidad de la ingenuidad” la genialidad de la infancia espiritual marcada por lo divino y querida por Dios. “La audacia consiste en que frente a toda situación de nuestra vida coloquemos enseguida una escalera por la cual la razón y el corazón alcancen a descubrir al Dios que está en la cúspide de ese acontecer”. (Pedagogía para educadores católicos, 1950)

Sí, se requiere audacia para reconocer y seguir el camino que Dios quiere para nosotros. Es algo así como saltar en paracaídas y cerrar los ojos y pensar: El Padre y la Madre se preocuparán perfectamente de todo.

El Padre Kentenich pedía que inculquemos esto en la juventud: “Lo que debemos presentarle a nuestra juventud de hoy es precisamente el salto mortal a lo sobrenatural, hacia lo divino. Es cierto, siempre caeremos en las manos de Dios… Pero esllo supone arriesgarse. No sabemos lo que Dios nos exigirá mañana o pasado mañana; sólo sabemos que debemos dar este paso inmediato. Y lo daremos con coraje y convencidos de que Dios nos abrirá una puerta. He aquí pues, la valentía la audacia del santo y del pecador.”

Sí la audacia es confiar plenamente en Dios, entonces la próxima oportunidad que tengamos para desafiar el peligro o cualquier problema sencillo cerremos los ojos y caigamos en brazos de nuestro Padre de los Cielos y nuestra amada Madre.
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miércoles, noviembre 15, 2006

La fuerza de las costumbres

(Escrito para la revista Familia del Padre, Schoenstatt - Ecuador)

Hábitos y tradiciones,modos de proceder, repeticiones; las costumbres son expresiones que reflejan lo que creemos o sentimos. Nuestra alma latina expresa su espíritu filial en reuniones familiares y en su amor a Jesús y a María. Desde manifestaciones multitudinarias como la de la peregrinación al Santuario de Schoenstatt de Tuparendá en Paraguay, donde más de 50,000 personas mostraron su fe el 18 de Octubre, hasta la Alianza de Amor en Costa Rica de 88 personas, entre ellas familias completas, el corazón filial y religioso es palpable. Al Padre Kentenich le impresionaron justamente éstas dos cosas de Latinoamérica, o mejor dicho, dos signos: por un lado, el amor espontáneo y multitudinario a María; Y por otro lado, el sentido de familia y la facilidad de crear vínculos personales.

De esto deduce que Latinoamérica tiene una mayor predisposición al pensar orgánico e integrador que él quiere gestar, una mayor facilidad para identificarse con la misión de María y de Schoenstatt.Lo dijo en sus viajes por Latinoamérica: “El alma latina parece completamente distinta: cuanto mayor es la veneración a María, tanto mayor es el culto a Dios. Y sin embargo, si leemos las noticias de los diferentes países latinoamericanos nos encontramos con iniciativas legales contrarias a la cultura de la vida y al espíritu de familia, favoreciendo el aborto y la promiscuidad sexual. Es casi una pesadilla ver la forma como estas leyes se aprueban “entre gallos y medianoche”... promovidas por grupos minoritarios en su mayoría financiados por transnacionales. En algunos casos sólo queda reaccionar y nuestros laicos católicos, entre ellos muchos schoenstattianos han salido a las calles a demostrar su amor por la vida. Estamos viendo cómo se cumple la visión profética del Padre Kentenich, en estas palabras que dijo en Brasil: “El apostolado de los laicos busca, con más fuerza, ocupar el primer plano, quisiera ser una gran fuerza dentro de la Iglesia. Y la causa profunda, condicionada por la época de esta “hora del laico”, reside en a movilización total del infierno contra la Iglesia. El infierno ha declarado una guerra total contra la Iglesia, contra el Reino de Dios en la tierra. ¿Qué resulta de ello? Exactamente aquello que quería Pallotti: la movilización total de todas las fuerzas, de todos los medios. La guerra total del infierno provoca la guerra total del Reino de Dios contra el infierno.Costumbres que marcanSalir a las calles o manifestar nuestro sentir en el ámbito público es muy importante. Lo es también preservar nuestras costumbres familiares y religiosas. Después de todo son aquellas reuniones familiares o peregrinaciones marianas, las que se quedan más grabadas en nuestro corazón y memoria, especialmente aquellas que experimentamos cuando éramos niños. Y es que los niños son como esponjas que absorben todo, también lo religioso. Se me viene a la memoria la impresión de un niño de 3 años cuando el Padre José Luis Nieto fue a bendecir su casa. Varios días después, Sebastián se paseaba por la casa con una bufanda en su cuello y un vaso de agua cantando “Ven con nosotros a caminar…”. Y a muchos les pasará como a mí, que recuerdo más vivamente las vacacionesde mi niñez,que otros períodos más recientes de mi vida, puesto que involucraban familiares, primos, tíos y abuelos, comidas exquisitas y contacto con la naturaleza. Cómo nos han marcado, asimismo, vivencias religiosas como los retiros y campamentos de Schoenstatt y el contacto con el Santuario.Las costumbres como seguros para vivir una vida cristiana

>Los horarios diferentes, el estrés normal de la vida, hacen que cada vez haya menos oportunidad para compartir como familia. Es importante buscar momentos en la semana donde todos se sienten a la mesa como familia y promover reuniones familiares o con amigos con los cuales se comparte los mismos valores. Bendecir la mesa es una costumbre importante, incluso cuando se come en restaurantes o cafeterías… El Santo Padre Benedicto XVI, siempre en contacto con la vida, lo ha recalcado recientemente:“En nuestras familias se enseña a los pequeños a dar siempre gracias al Señor, antes de tomar los alimentos, con una breve oración y la señal de la cruz. Hay que conservar o redescubrir esta costumbre, porque educa a no dar por descontado el «pan de cada día», sino a reconocer en él un don de la Providencia.

Deberíamos acostumbrarnos a bendecir al Creador por cada cosa: por el aire y por el agua, elementos preciosos que son el fundamento de la vida en nuestro planeta; así como por los alimentos que, a través de la fecundidad de la tierra, Dios nos ofrece para nuestro sustento. A sus discípulos Jesús enseñó a orar pidiendo al Padre celestial no «mi», sino «nuestro» pan de cada día. Quiso así que cada hombre se sienta corresponsable de sus hermanos, a fin de que a ninguno le falte lo necesario para vivir. Los productos de la tierra son un don destinado por Dios para toda la familia humana.Mantengamos y promovamos nuestras costumbres familiares y religiosas, así, aunque sea de forma silenciosa y escondida, estaremos preservando la valiosa herencia de nuestros mayores y de nuestra Iglesia Católica, y contrarrestando la poderosa influencia del mundo secularizado.Fuente: “Huellas de un Padre” P. Esteban Uriburu, Editorial Patris y Vatican Information Service Seguir leyendo el artículo

martes, abril 18, 2006

La Iglesia somos todos

(Publicado en Revista Familia del Padre)

En el mes de Marzo, de repente, se nos fue una schoenstattiana muy querida, Nana de Loor. Lo menciono porque Schoenstatt es vida y personas que, como ella, vivieron su Alianza de Amor con María con gran profundidad, que irradiaron amor en su vida terrena, son un ejemplo del camino a seguir. No me voy a referir a su conversación interesantísima ni a su agudo sentido del humor, sino en especial a dos aspectos, que pienso yo deben distinguir a un hijo o hija del Padre Kentenich. En primer lugar su entrega a los demás, su cercanía y su hospitalidad, ese estar pendiente de las necesidades de cada persona y hacer que cualquiera que la visitara se sintiera totalmente en casa. En segundo lugar su servicio sencillo y silencioso a la Iglesia, todos esos años que fue catequista de primera comunión en su parroquia de Los Ceibos. Una vida tan fructífera no se puede resumir en un párrafo, pero ejemplos como estos, son más entendibles que conceptos, cuando se trata de explicar cómo se vive Schoenstatt.

En este año 2006, a principios de Junio en Pentecostés, el Papa Benedicto XVI ha querido reunirse con los representantes de los Movimientos Eclesiales en Roma. Él ha manifestado la esperanza que tiene la Iglesia de que los Movimientos y Nuevas Comunidades: “que ellos contribuyan a dar un renovado impulso a la evangelización de todos los sectores de la sociedad, del mundo del trabajo y de la familia, de la cultura y de la educación, en todos aquellos campos en que se desarrolla la vida de los hombres de hoy, en circunstancias tantas veces poco favorables para una existencia cristiana íntegra y profunda.” Y manifiesta también: “De la comunión eclesial depende la autenticidad de toda experiencia de vida cristiana y la eficacia de las iniciativas pastorales. Por eso el tan recordado Papa Juan Pablo II insistía en que todos se integraran con humildad en la vida de las Iglesias locales, en las estructuras diocesanas y parroquiales, en las que manifiestan los diversos modos de asociarse y expresarse”.

Sé de muchos schoenstattianos que participan activamente en la vida parroquial, como catequistas, ministros de comunión, misioneros de la Virgen Peregrina etc. Ojalá muchos más puedan ser generosos con su tiempo y consideren un apostolado en su parroquia. Aunque uno dé sólo un poco, se recibe en abundancia... ¡Y se aprende tanto! Se descubre mucho sobre los tesoros de la Iglesia. La espiritualidad mariana de Schoenstatt es un gran aporte para la Iglesia, ¡tenemos que darla a conocer!

De una Iglesia sedentaria a una peregrina

La Iglesia somos nosotros, no sólo los religiosos o sacerdotes, de todos nosotros depende su crecimiento y florecimiento. A pesar de que han pasado más de 40 años desde el Concilio Vaticano II todavía hay rastros de la Iglesia Sedentaria, quizá legalista. El Padre Kentenich, nos impulsaba en cambio a ser una Iglesia Peregrina:

“El futuro de la Iglesia depende fundamentalmente de si los miembros de la Iglesia logran hacer presente a esa Iglesia en medio del mundo de hoy y en qué medida lo consiguen. Antes se veía a la Iglesia como una única y enorme roca. La gente debía ir hacia ella. Pero ahora, la Iglesia tiene que hacerse presente en todas partes. ¿Dónde? Donde estén los miembros de la Iglesia. La consigna no es por tanto “la gente debe ir hacia la Iglesia”, sino la Iglesia debe ir hacia la gente”. Y ahora bien ¿quién es, qué significa la Iglesia? Yo soy la Iglesia. Allí donde yo esté y actúe en calidad de miembro de la Iglesia, allí está la Iglesia. (Homilía, 1964)

María es la Madre de la Iglesia, es nuestro gran tesoro. Si hacemos de nuestro corazón un Santuario, la podremos llevar a todos los ámbitos de nuestra vida, y como ella nos pondremos al servicio de los demás.
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lunes, enero 30, 2006

María en mi vida


Hace un par de meses, Nannette, la persona encargada de la Pastoral Juvenil en mi parroquia, me pidió que la reemplace dando la charla sobre María al grupo que está en primer año de confirmación... Sabía que eran sólo unos 10-12 chicos, y que los catequistas de ellos estarían presentes. Yo he dado charlas muchas veces, pero ésta era en inglés y mi vocabulario deja mucho que desear, así que me lo tomé muy en serio y ya desde ese entonces empecé a planear qué iba a hacer. Compré un par de libros y antes de irme a Schoenstatt me dije, bueno, allá tendré un tiempo para prepararme... Pero resultó ser que en Schoensatt no tuve casi un minuto libre y para ser fiel a mi manera de trabajar, (bajo presión) terminé preparando la clase la mañana del mismo domingo en que daría la clase por la noche y por supuesto que no leí los libros que compré...

Cuando planeaba la charla pensé que lo mejor era empezar con un testimonio, ya que las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran. Los jóvenes schoenstattianos que conozco están en Austin, así que pensé aprovechar que en Schoenstatt iba a coincidir con Olenka Hand, una chica muy valiosa que conozco de la Juventud de Austin, Texas. La noche antes de yo partir de regreso aceptó muy generosamente a que grabe su testimonio sobre María en su vida, en vídeo. Alisté mi camarita y mi trípode. Durante los 15 o 20 minutos, la entrevista salió muy fluida y dijo las cosas mucho mejor de lo que me hubiera imaginado. Me vine a Houston con el material. Cuando lo empecé a editar pensé para mí que la calidad en general del vídeo no era muy buena. No en vano en la televisión tienen artistas de maquillaje, escenografía, iluminación y sonido... Pero a pesar de todos esos temas técnicos, las palabras de Olenka y sus gestos me llegaban, me tocaban, me alegraban...

Algo similar pasa con las imágenes de María. Cuando estaba buscando material para editar el video y para la charla, me topé con montones de imágenes de María, algunas hermosas, pero en la mayoría las poses en que la representaban me parecían poco naturales... Así que sus imágenes (a excepción de la de la MTA por supuesto) no me dicen mucho... pero las palabras, (sus pocas palabras!) en las escrituras me llegan al alma...

En la charla traté sobre tres frases en que la sagrada escritura cita a María, sólo las menciono y le añado a cada una las palabras de Benedicto XVI en su hermosísima encíclica sobre el amor:

1. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra.” “María es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios en lugar de a sí misma. Ella es humilde: no quiere ser sino la sierva del Señor (cf. Lc 1, 38. 48). Sabe que contribuye a la salvación del mundo, no con una obra suya, sino sólo poniéndose plenamente a disposición de la iniciativa de Dios.” (Benedicto XVI, Deus caritas est)

2. “Magnifica mi alma al Señor” . “El Evangelio de Lucas la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima Isabel, con la cual permaneció « unos tres meses » (1, 56) para atenderla durante el embarazo. « Magnificat anima mea Dominum », dice con ocasión de esta visita —« proclama mi alma la grandeza del Señor »— (Lc 1, 46), y con ello expresa todo el programa de su vida: no ponerse a sí misma en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oración como en el servicio al prójimo; sólo entonces el mundo se hace bueno.” (Benedicto XVI, Deus caritas est)

3. “Haced lo que Él os diga” “María es, en fin, una mujer que ama. ¿Cómo podría ser de otro modo? Como creyente, que en la fe piensa con el pensamiento de Dios y quiere con la voluntad de Dios, no puede ser más que una mujer que ama. Lo intuimos en sus gestos silenciosos que nos narran los relatos evangélicos de la infancia. Lo vemos en la delicadeza con la que en Caná se percata de la necesidad en la que se encuentran los esposos, y lo hace presente a Jesús.”(Benedicto XVI, Deus caritas est).

No crean que ya me he leído la encíclica, sino que la busqué apenas salió para ver lo que decía sobre María, y quedé encantada...

A los chicos en la charla les puse el ejemplo de Nannette a quien mencioné al principio, ella es casada y sus hijos ya están a su vez casados o en la universidad, y se dedica por entero a la pastoral juvenil. Bernie, su esposo la apoya en todo. Lo hacen maravillosamente bien.

El año pasado ella me invitó a una jornada para de preparación de dirigentes para un retiro. En la jornada, a la que asistieron unos 15 jóvenes universitarios que iban a ayudar en el retiro, ella, además de darnos las charlas, preparó las comidas mientras teníamos nuestras reuniones. Yo la miraba con asombro y no se me ocurría que una señora latina hiciera algo así (perdón, pero no se me ocurre, porque lógicamente tendrían a alguien que les haga ese trabajo, y eso además de que sería raro que se den un fin de semana para preparar a un grupo de dirigentes y luego den todo el retiro el siguiente fin de semana). A la siguiente semana en el retiro le pregunté que cómo podía con todo esto y me dijo riéndose, oh! con mucha cafeína!...

A principios de enero Nannette invitó a todos los que colaboramos con la pastoral juvenil en la parroquia a una cena en su casa. Con una de mis amigas catequistas quisimos hacer un tour por su preciosa casa. Y me di cuenta que en todas sus piezas, y ¡hasta en el baño! había una imagen de María. Otro día fui a su oficina y vi en su pared una colección de pequeñas imágenes y cuadros de María. Le pregunté cómo así las tenía y me dijo, es que quiero tanto a María, que me encanta tenerla en todas partes. Así que mi conclusión, o parte del secreto de ella es ese amor tan grande a María. Porque como dice la gente, el amor une y asemeja...


Creo que la charla fue bien en general, en especial tuve ayuda de dos de los catequistas que con palabras precisas y comparaciones excelentes aclararon y contestaron preguntas cuando ya el vocabulario no me daba para más.

Pero lo que me quedó de enseñanza fue la oportunidad de reflexionar y tratar de transmitir, como el amor a María transforma y conduce a Jesús. En mi vida como en la de tantas personas, María es una realidad cotidiana. Qué paz que da dejar en sus manos los problemas y las preocupaciones. Qué alegría saber que Ella se preocupa perfectamente de todo y se encarga de que estés más cerca del Padre Dios y de Jesús. Por eso agradezco siempre a la persona que me enseñó a amar a María, el Padre José Kentenich... Cito sus palabras:

"El camino va por María, es el camino del dominio de la vida. Es el camino de un amor filial a María y no la senda de una mera capacidad de hablar sobre el amor a María. Ella es el camino más fácil, más seguro y más rápido para llegar a Cristo." P.J. Kentenich.

PD Si alguien quiere conocer al Padre Kentenich, además de leer sus textos y conocer su vida, les invito a visitar un sitio web chileno, www.schmedia.cl uno de los videos es un testimonio del Padre Kentenich por el Padre Horacio Rivas... Ah y el video de la entrevista con Olenka está en mi Blog de videos. Seguir leyendo el artículo

domingo, julio 11, 2004

La Autoridad (Publicado en Revista Familia del Padre)

El Padre tiene la palabra: La Autoridad

“Hoy ya no existen ‘tierras de niños’ por que tampoco hay tierras de madres y de padres.” El Padre Kentenich solía citar esta frase de Nietzche y lo interpretaba con sus propias palabras: “no hay niños auténticos porque no hay padres auténticos.”

Esto me recuerda los comentarios de una adolescente, que razonaba con algo de madurez describiendo a sus compañeros de colegio: todos quieren ser adultos y actuar como lo hacen los adultos, quieren tener auto, celular, dinero y libertad para hacer lo que quieran. Sin embargo ella mismo batallaba contra la autoridad de sus padres que “no la dejan hacer nada”. Existe hoy una gran tensión en saber ejercer la autoridad poniendo límites y por otro lado dejar a los hijos “su espacio”, algo de libertad, y hacerles experimentar que confían en ellos y respetan su criterio. Esto un arte, pero por lo general los padres se van a uno u otro extremo.

Dejemos que el Padre nos hable sobre este tema tan vital:

“La autoridad paternal de Dios es por excelencia la “forma original” de la autoridad terrenal o humana. Todas las otras formas de autoridad son secundarias, se apoyan o complementan en la autoridad paterna. La conciencia de padre se pone de manifiesto en la labor de educar a los hijos en la obediencia y la valentía; mientras que la autoridad de la madre –apoyada en la del padre- tiene la misión de educar al niño en la capacidad de sufrir y soportar.”

El padre humano: transparente del Padre Dios

El Padre Kentenich decía que el padre humano es en todo sentido el más maravilloso transparente del Padre Dios, y el más directo. Y examinaba las cualidades de Dios que pueden aplicarse al padre humano, o en caso de ausencia del padre, a quien le toque asumir ese rol. Ofrecemos una síntesis para que lo mediten aquellos a los que les toca ejercer la autoridad paternal.

1. Inmutabilidad Divina – Debe haber una cierta inmutabilidad en los principios y en las decisiones de quien es portador de la autoridad paternal en la familia.
2. Omnipresencia: El Padre humano tiene que ser omnipresente para sus hijos, física o espiritualmente. Debe tenerlos siempre presentes en su mente, en su perspectiva de interés, en su corazón.
3. Omnisciencia: El padre debe saber todo lo que de alguna manera concierne a sus hijos. No un conocimiento obsesivo, sino bondadoso y extraordinariamente enaltecedor. Es enaltecedor cuando el padre cree siempre en el hijo, aunque haya sufrido mil decepciones.
4. Sabiduría: El padre humano debe ser también sabio. Sabrá medir sabiamente lo que su hijo puede soportar, sabiamente pesará la carga que se le imponga, sabiamente planteará las exigencias y sabiamente dosificará los regalos que le haga.
5. Santo: Los padres deben ser santos ¿Quién es santo? Aquel que gire continuamente en torno del eterno Padre Dios y de sus deseos y voluntad.
6. Misericordioso y justo. Ese es también el rol del padre humano: justicia, honradez y equidad inquebrantable, no se deja sobornar. Pero Dios Padre es asimismo, infinitamente misericordioso y sabe perdonar cuando el hijo perdido regresa a casa.

Un gran ejemplo de autoridad

Conocemos por relatos de personas que lo conocieron, que el Padre Kentenich era un transparente del Padre Dios y por lo tanto encarnaba la autoridad en el sentido querido por Dios. La misión de su vida fue mostrar la imagen de Dios Padre, de Jesús, el Hijo del Padre, del Espíritu, el amor entre el Hijo y el Padre y de María, la educadora que da a luz al Hijo y gira en torno al Padre.

La palabra autoridad procede del latín-auctoritas, auctoritatis- que viene a significar: prestigio, influencia, modelo, ejemplo, persona o cosa que merece tomarse como tal. También se puede tomar el sentido de este vocablo desde el verbo latino augeo,-auxi, auctum- que significa acrecentar, aumentar, hacer prosperar. Por ello podemos decir que el Padre Kentenich era una autoridad “en todo el sentido de la palabra”. Para los que de una u otra forma nos toca ejercer la autoridad ya sea en la familia, en el trabajo, en los grupos o comunidades, el Padre es un excelente modelo. Cada persona que llegaba a él recibía toda su atención, él la escuchaba, comprendía y aceptaba, pero también era firme y exigente pues anhelaba que creciera en su vida espiritual. Tenía siempre presentes a los suyos, los servía, rezaba y se sacrificaba por ellos. Así lo sigue haciendo en su nueva presencia…

(Citas: Kentenich, José, Pedagogía para Educadores Católicos – Jornada Pedagógica 1950, publicado por las Hnas. de María, Argentina, 1994) Seguir leyendo el artículo