martes, julio 29, 2008

Meditación en el Desierto

Comparto con ustedes una meditación que escribí hace varios años...

El misterio es siempre atrayente y el desierto por ello llama la atención. Tanto silencio, tanta amplitud, sencillez. Por el día parece vacío, pero por la noche está lleno. Lleno de luz, por un cielo bañado de estrellas... Días calientes y noches frías.

El desierto nos podría hablar de muerte y desolación, pero más bien nos llena de esperanza. Una peregrinación lleva siempre a una meta, y si los oasis son como los describen los cuentos, cualquier esfuerzo, y todo caminar vale la pena.

Lo misterioso atrae y fue así que un futuro profeta fue directo a mirar de cerca algo que no comprendía.

En medio del monte, y sin consumirse descubrió un arbusto que ardía. Este acontecimiento, repleto de misterio fue para él un llamado.

¿Con cuántas escenas de “zarza ardiente” nos hemos topado? ¿Cuántos misterios y milagros hemos podido contemplar? Una y otra vez, en diferentes circunstancias de la vida, Dios nos ha llamado... ¿Hemos respondido como el profeta “Aquí estoy”? Quizá al igual que él hemos experimentado miedo e inseguridad.

Cada llamado es un nuevo desafío, en cada uno, nuestro sí, el primero, debe ser renovado.

Pero volvamos a esta misteriosa pero hermosa escena.

El misterio es atrayente... ¿No es acaso misterioso el fuego? ¿No es acaso hermoso? No hay dos segundos de “fuego” iguales. Permanentemente él va tomando formas distintas, caprichosas, juguetonas. A veces sus llamas se elevan crepitantes, otras son lentas, tranquilas.

Quizá esto es lo más interesante del fuego: ¡Que siempre es nuevo! Que está en constante movimiento, que motiva, suscita, guía, cobija; que entrelaza, marca, funde, arrasa, pero en este peculiar caso no destruye, sino que perenniza, purifica, armoniza.

Y este misterioso fuego, que no consume sino que renueva, que nos habla de lo trascendente, que nos revela el nombre de Dios, ha elegido morar en un matorral lleno de espinas. Podría quizá haber elegido un precioso árbol florecido, un olivo fecundo o un imponente cedro del Líbano.

¿Por qué eligió tan pobre ramaje? ¿Por qué para Dios es hermoso algo que no lo es para el mundo? No eligió el poder ni el brillo, ni lo esplendoroso, ni lo perfecto... sino un ramaje pobre, pero dispuesto. Simple y consciente de sus límites pero abierto.

No hay que llenarse de títulos, honores y prestigios para atraer el fuego.

Hay que estar conscientes de nuestras espinas, saber que duelen, que lastiman, que hacen daño, que son dependientes y necesitadas. Hay que estar llenos de anhelos de ser fieles, hay que levantarse y continuar el camino. Hay que estar alegres pues el fuego no arde en lo sombrío, sino en ojos resplandecientes que saben mirar hacia arriba.

El misterio atrae. Pero no nos engañemos. Moisés había visto muchas zarzas y muchos fuegos... pero la curiosidad lo llevó a contemplar algo que sólo puede ser un milagro. La zarza no se consumía. El amor y la misericordia de Dios nunca terminan... Lo misterioso es atrayente. Una y otra vez podemos contemplar la novedad del fuego, la pequeñez del instrumento. Y podemos repetir la respuesta al llamado... “Aquí estoy”.
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Sí o no

Ya cumplo dos años de estar metida en un remolino contable. Me encanta escribir, pero entre las clases de la universidad que ya casi terminé y los exámenes para CPA para los que estoy estudiando, mi creatividad reposa sin ser utilizada en algún rincón...No puedo evitar alegrarme cuando voy a Guayaquil y alguien me comenta que disfrutaron alguno de mis artículos en la Revista de Schoenstatt. Esta vez una señora en el Santuario me detuvo, me preguntó mi nombre, y me dijo, ah! yo siempre la leo... Qué alivio que la revista salga sólo unas cuatro veces al año... Incluso un amigo me dijo, soy un seguidor de tu blog... ¿De mi blog? Pero si apenas escribo... Así que este post es para 'excusarme' por mi falta de aportes... aunque la gran mayoría de las entradas de este blog son 'atemporales'... y no están relacionadas a algún acontecimiento en especial.

Y ahora vine de Ecuador más confundida. Sí, ya estamos casi acostumbrados a estar peor cada vez. Nos hemos metido en un proceso complicado y poco sano. Como un remolino, todo lo que conocíamos, ha sido arrastrado como algo ya gastado, y todititos los términos "globalizados" nos han invadido. Ahora hay que decir las y los, y aceptar tantas otras cosas, para no parecer retrógradas... Qué pesadilla. En fin. Este blog no es político sino mariano. La Virgen a la cual le rezó Cevallos de rodillas en el arco antes de tapar los penales de Fluminense en el Maracaná, todavía está presente en los corazones de nuestros compatriotas. Eso es una realidad y Ella se preocupará de que podamos seguir al menos viviendo en paz. Esos cientos de artículos escritos entre gallos y media noche o ese odio de clases que se está propagando no prevalecerá.
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lunes, julio 07, 2008

Tiempo de Secuestro: Milagro de transformación

Sin duda estos días de la iberación de Ingrid Betancourt hemos experimentado un remolino de emociones. No se trata sólo del milagro de cómo sucedió su liberación sino también el milagro y la transformación en su vida. Lo que nos dejó a todos sin aliento fue sentir su paz, su elocuencia, su misericordia, el amor que respiraba. Ha sido un hermoso testimonio del amor a la Virgen, de la fuerza del Rosario y de la fidelidad de la Reina. Transcribí un texto de una entrevista de CNN, que me llamó mucho la atención. Aunque pienso que no deberíamos tener que experimentar un secuestro para plantearnos estas cosas...
"Hay muchas cosas que cambiaron en mi vida, yo cambié muchísimo, yo creo que la experiencia de un secuestro en las condiciones que yo viví que son monstruosas – unas convivencias muy complicadas un trato muy inhumano- lo obligan a uno a cambiar de prioridades, a volver a redefinirse uno mismo, quién soy, que quiero, en qué creo, para donde voy, cuáles son mis prioridades, y obviamente uno en ese camino tiene que aliviarse de muchas cosas que uno lleva a cuestas, de muchas necedades, de muchas bobadas, volverse mucho más tranquilo, mucho más tolerante con las personas, aprender a respetar mucho más a la gente, volverse más exigente con uno mismo, tantas cositas que uno piensa que no son importantes, todo es importante, fue un cambio, yo creo, muy de fondo…" Seguir leyendo el artículo

miércoles, julio 02, 2008

Ultimos 5 minutos de un gran día


No podía terminar este día intenso y emocionante, con la liberación de Ingrid Betancourt y otros 15 rehenes, y Liga campeón de América, sin comentarlo...
En estas ocasiones, se nota la gran unión que hay en latinoamérica entre Dios, la Virgen, la vida y el deporte....
Hermoso como Ingrid Betancourt agradeció a Dios y a la Virgen y contó cómo rezaba el Rosario cada día, y además como los jugadores de Liga, agradecían y rezaban constantemente después de los goles y en los penales.
Yo también recé hartísimo, qué increíble que uno le dé tanta importancia al fútbol, incluso para mí que jamás he visto un partido entero...

(En la foto mi sobrina Beatriz, de azul emelecsista cuando fue junto con su curso a visitar a Liga en su lugar de entrenamiento hace un par de meses) Seguir leyendo el artículo

domingo, junio 15, 2008

Ya sé que no se estila

La letra del vals ‘Amarraditos’ se me viene a la mente cuando pienso en actitudes que ya no se estilan en el mundo de hoy. Por ejemplo la preocupación por los demás, el servicio desinteresado. En el mundo de hoy, la prioridad es uno mismo. Tener paz mental, estar en buen estado físico, tener tiempo para relajarse y hacer lo que a uno le interesa y le gusta, divertirse y pasarla bien. Nada de esto está mal, si es que no se pierde de vista la perspectiva de para quién uno debe estar bien, en equilibrio, en forma: para los demás, para la familia, los amigos, los compañeros de estudio y de trabajo, o para las personas que lo necesitan.

Gracias a Dios, hay todavía muchas personas que sí viven para los demás y nos dan ejemplo, entre ellas muchas de nuestras mamás... también de seguro se nos vienen a la mente ejemplos de personas que conocemos y que se destacan por el desinterés y por que siempre están ahí cuando los necesitamos, esa gente que sabe escuchar y poner el hombro.

Y si me preguntan cuál es el estilo de vida schoenstattiano, que en realidad está enraizado en el auténtico y milenario estilo de vida católico, aunque no lo pueda definir en una frase, lo describiría así: es esa actitud de interés en el otro, de atención a lo que el otro necesita, de hacer sentir a la otra persona que es importante, ese ser acogedor y hospitalario, ese crear vínculos entre las personas. El Padre Kentenich lo define mejor, es ese estar “el uno en el otro, con el otro, para el otro”.

Y si hablamos del Padre Kentenich, él lo vivió a cabalidad. Hay cientos de testimonios de cómo al llegar a conocerlo o a conversar con él, se preocupaba de cada detalle de la persona, incluso si ya había comido, la persona era el centro. Si alguna vez tienen oportunidad, les recomiendo ver el emocionante video-testimonio del Padre Horacio Rivas sobre el Padre Kentenich, en www.schmedia.cl (Contenidos / Padre Kentenich).

He tenido, como muchos de ustedes, la alegría de experimentar esa hospitalidad schoenstattiana en muchas oportunidades, y en especial cuando me ha tocado visitar centros de hermanas marianas. Hace poco tuve el regalo de estar unos pocos días en Chile, en el que aproveché de visitar a algunas hermanas, que bueno, son como mis hermanas, y me maravillé de nuevo con toda la preocupación y detalles con que me atendieron. Asimismo he sentido ese calor de hogar en casa de familias schoenstattianas y con muchos hijos del Padre.

Ese estilo, esa calidez, ese servicio, lo queremos aprender de un modelo extraordinario, María, nuestra Madre.

En mi ‘Hacia el Padre’ conservo desde hace muchos años una pequeña foto del Padre que en la parte de atrás tiene un escrito del Padre Kentenich que para mí, es el secreto para poder vivir ese estilo de vida mariano. Está en alemán y seguramente existe una buena traducción en alguna parte, pero yo ofrezco mi interpretación.

“Conserve su lugar en el corazón de la Madre de Dios. Allí pertenece Ud. en cada suceso, en cada caída. Allí encontrará paz, silencio, seguridad y confianza en la victoria, en cada acontecimiento, en cada momento. Haga Ud. el bien donde tenga oportunidad, y contemple en todo la bondadosa mano del Padre, quien guía y conduce su destino siguiendo un sabio plan de vida. Medite siempre en esta sencilla verdad: Dios es Padre, Dios es bueno, bueno es todo lo que hace. Cuando Ud. se aferre a esta verdad, dominará la vida, y será una fuente de bendición para muchos.”
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domingo, marzo 30, 2008

Fortaleza de Dios


No era la primera Semana Santa que pasaba en Schoenstatt (Alemania). Sin embargo, no recordaba casi nada de la vez anterior. Por ello me sorprendió mucho entrar a la Iglesia de la Adoración ese Viernes Santo. El “Castillo de Dios”, por dentro, estaba con todas las luces apagadas, sin flores, sin luz en el tabernáculo. El ‘monumento’ del Santísimo Sacramento estaba en un altar en la parte de atrás de la Iglesia, prácticamente escondido en una esquina, pero bellamente adornado. La luz entraba hermosamente por un vitral. Habían pocos reclinatorios y las hermanas se turnaban para acompañar al Señor en su día de pasión.

Me quedé un buen rato ahí arrodillada, y luego sentada. Había una atmósfera de mucha paz y recogimiento. Pensé que era el mejor lugar para estar en ese momento. Como no, si afuera se sentía el rugir del viento helado. Era reconfortante saber que no penetraba las gruesas paredes de piedra. Ese lugar era no solo un lugar de paz sino un refugio.

Al comentarle esta experiencia a una Hermana me dijo: “¡Eso es! Eso es sentirse hijo”. Pueden rugir las tormentas pero si uno sabe que el Padre Dios está detrás de todo, se preocupa de todo, ese amor filial y esa seguridad, se transforma en una pared gruesa que te protege en todo momento. Ser y saberse hijo de Dios es estar en camino a la santidad. Bien lo dice el P. Kentenich “La santidad no consiste en ser éticamente bueno, sino más bien en el reconocimiento de nuestro desvalimiento y en la total entrega filial a Dios”.

Pero para poder lograr ese profundo arraigo filial, la oración es el mejor instrumento. Sentada ahí ese viernes ante el monumento del Santísimo, no pude evitar recordar esas horas de oración o adoración en las que siempre termino medio dormida y cabeceándome. Sentí propias las palabras del Señor, “¿Ni una hora has podido velar?” (Mc 14,37) Qué difícil es mantener un ritmo de oración en este mundo tan conectado y lleno de actividades y agendas. Estar conectado ahora es casi un vicio, revisar el e-mail, mensajearse, chatear o buscar nuevas fotos de tus amigos en facebook... ¡Si pudieramos tener ese contacto instantáneo y espontáneo con Dios! El P. Kentenich nos lo aconseja: “Lo más importante es que aprendamos a expresar nuestro estado de ánimo, nuestros deseos y nuestras dificultades. No es que tengamos que hablar constantemente... si hemos llegado a cierta madurez, entonces lo más hermoso de la oración es el sencillo estar uno con el otro, uno en el otro. Y esto es lo esencial”.

Comenzó a llegar más gente y aunque talvez no era necesario, sentí que debía dejar el puesto para otras personas. Salí y seguía corriendo el viento, fuerte y helado. Pero no me inmuté y seguí mi día de lo más tranquila y contenta por haber experimentado físicamente esa seguridad que la gracia nos hace experimentar espiritualmente.
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miércoles, noviembre 28, 2007

Dinámica de Amor

Nuestra vida transcurre en un entregar y recibir, en un juego de amor, en un constante movimiento.

¿Qué es entregar? Es dar, ofrecer, poner a la disposición, regalar, renunciar, devolver.

¿Y qué hemos entregado? Uno o varios “sí”, una corona, también fuerzas, desilusiones, fracasos. Otras veces hemos entregado orgullo, errores, preocupaciones, servicios desinteresados. No pocas lo que hemos dado son críticas, promesas, recuerdos, vivencias, rencores. Y en fin: enfados, cobardías, sonrisas, desalientos, temores, desganos, silencios, anhelos de ser apreciados, empeño y fuerzas, tiempo y culpas han formado parte de nuestra entrega.

Cuando entregamos fuerzas recibimos la satisfacción del deber cumplido, cuando ofrecimos errores, recibimos, o llamadas de atención, o paciencia. Cuando dimos sonrisas las recibimos de vuelta, cuando devolvimos rencores y quejas obtuvimos un cargo de conciencia. Cuando regalamos críticas sin amor, recibimos a cambio excusas y se nos envenenó el alma. Cuando dimos aliento y ánimo, recibimos agradecimientos. Cuando entregamos inquietudes, fracasos, temores, obtuvimos tranquilidad. Cuando nos deshicimos del orgullo para regalarlo y agachamos la cabeza, recibimos el ánimo de volver a comenzar.

Cuando regalamos tiempo, dedicación, esfuerzo y servicio desinteresado se nos inundó el corazón de alegría. Cuando lo que entregamos fue una gran renuncia, se nos regaló a cambio esperanza.

Cuando lo que dimos fue desgano, anhelos de ser reconocidos, malas caras, el alma se llenó de obstáculos para amar.

Cuando entregamos una corona, se nos regáló seguridad, confianza, en la victoria y un horizonte de promesas.

Y cuando entregamos el corazón, se nos dio a cambio un lugar de arraigo, se nos regaló paz y una mirada de niño.

la victoria y un horizonte de promesas.

Y cuando entregamos el corazón, se nos dio a cambio un lugar de arraigo, se nos regaló paz y una mirada de niño.
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viernes, septiembre 07, 2007

El Camino

Introducción
Este escrito lo hice hace muchos años, en el Santuario de Schoenstatt de Alangasí, Quito. Recordé este tema el fin de semana pasado (de labor day). Fui a visitar a una amiga y su esposo a Vail, Colorado. Al preguntarme si quería ir de hiking, acepté entusiasmada. El primer 'hike' fue a Hanging Lake, se suben mil pies normalmente en una hora. (una milla de camino) Nos tardamos dos y media, je,je. Me costó mucho por la altura y el 'bad shape' pero llegar a la cima fue maravilloso. Ver fotos
Todavía no puedo creer que llegué.

El camino

Empecé a escalar. La senda apenas se distinguía entre los arbustos y las malezas. No tenía planeado subir mucho, pero cuando había ascendido unos cuantos metros miré para atrás y luego hacia arriba. "Sígueme" - pareció decirme el camino- "No soy de caminos nuevos o desconocidos" -repliqué- . "Sigue escalando" - me tentó sonriéndome-. Y me entusiasmó la idea. No puedo decir que empecé con pie derecho pues tanto ese pie como el otro se comportaron torpemente al intentar subir por un lugar especialmente escarpado. Hasta traté de mantener el equilibrio agarrando ingenuamente unas hierbas que como es lógico suponer, se arrancaron fácilmente. Pero al segundo o tercer intento lo logré. El olor a eucaliptos se iba haciendo más intenso a medida que subía y cada vez se iba escuchando más de cerca el viento que silbaba entre las copas de los árboles.
"Allá quiero llegar" - me di ánimos-, pero al bajar la vista observé que había desaparecido el camino, o talvez no lo veía entre tantos cardos, malezas y espinos. Allí fui presa de la indecisión. "¿No será mejor volver y seguir por el camino amplio y adoquinado que atravesaba cuando este sendero -desde lejos- me guiñó el ojo?".
No hay vuelta atrás -reflexioné- allá arriba me debe estar esperando el dueño del camino. "¡Ay! Si alguien me tirara una cuerda y me halara hasta la cumbre" -soñaba- "o si de repente apareciera un ascensor". Pero la decisión ya estaba tomada, me metí las dudas al bolsillo y di un primer paso, que vaya si me costó, pero para sorpresa mía, el segundo y el tercero se iban haciendo cada vez más fáciles.
Con mis manos iba sacado de mi paso los cardos. ¡Cómo pinchaban! Los altos árboles me observaban con un signo de interrogación, como diciéndome "¿Para qué subir más alto? ¿No es mejor acaso quedarse cómodamente plantado como nosotros?" No les hice caso, pues la cercanía de la cima y del sonido del aire que mecía las ramas me impulsaba a seguir... y de un momento al otro ya estaba allí ¡donde yo quería!
Tal fue mi alegría que levanté los brazos en señal de triunfo, pero -oh desilusión- no había terminado de bajarlos cuando hacia la izquierda vi que el camino seguía, y cuesta arriba.
Sin pérdida de tiempo seguí, pues la reciente alegría me daba fuerzas. El camino estaba ahora bien trazado pero las dificultades eran diferentes -árboles caídos en el camino y otros por caerse- el temor me iba invadiendo. Por donde caminaba había cada vez menos luz, pero el viento me impulsaba: "continúa" -parecía decirme- .
Tropecé varias veces y el cansancio hizo presa de mí. Pero de repente lo ví... mi corazón me decía que era el último trecho. Era alto y encumbrado. Troncos y piedras servían como escalones. ¿Podré? ¿No será ya suficiente llegar hasta aquí? Dentro de mí brotó un pensamiento que me espeluznó. "La entrega es total" -musité temborosamente.
Tuve que dejar de lado el cansancio, y otras cosas que me pesaban y que hacían más agradable el viaje. También algunas cosas que me servían de distracción y otras que según yo me protegían. Me deshice así mismo de rencores, celos, remordimientos.
Sentirme más liviana y seguir fueron una sola cosa. Al superar este último tramo lo comprendí todo.
Ahí, en el lugar más alto de los alrededores se erguía una gran cruz. El cielo limpio y azul le servía de marco y un rosario colgaba de ella. La luz ahora brillaba esplendorosa, el viento juguetón se paseaba por el lugar.
Todo era ahora muy claro. La cruz es la cumbre y el sentido del camino.
Me acerqué más a ella y di un salto, mezcla de asombro y de alegría. En ella estaba escrito: "Montaña milagrosa".
Me volví hacia las montañas lejanas que desde allí se contemplaban majestuosas, y observé como los rayos de sol se colaban entre las nubes. Recordé entonces una tarjeta que guardo con cariño, que tiene el mismo hermoso paisaje. Y embelesada ante el espectáculo que tenía por delante repetí lo que esa tarjeta lleva como leyenda.
"Señor, sé que no es obra de un día".
No es obra de un día, pero cada paso puede ser un pequeño milagro. Y en el díficil camino se puede encontrar una sonrisa que te anima, una mano que te guía y un viento que te impulsa. Uno simplemente debe dejarse conducir como un niño y por supuesto regalar las fuerzas por entero. Hay que saber levantar la cabeza después de caer , preguntarse por donde será mejor ir, descartar todo lo que te quita fuerzas, alegrarse por cada paso y... amar el camino y su meta.
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jueves, julio 19, 2007

Fiesta Santos Velasco 7/14/07

En Julio hicimos un encuentro con los Santos y Velasco, fue una maravillosa experiencia...

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martes, julio 17, 2007

Se buscan héroes

Descubriendo la vocación

Generalmente en Schoenstatt nadie te persigue para que te hagas ‘curita’ o ‘monja’, y si le pasó a alguien... puede estar seguro de que es una excepción. Justamente Schoenstatt es un Movimiento cuyo fundamento es la libertad, pero una libertad basada en el profundo conocimiento de uno mismo, donde uno se pone metas propias y anhela cumplirlas por amor. La palabra mágica en Schoenstatt es “magnanimidad”. Bien lo decía el Padre Kentenich el 18 de Octubre de 1914 “No simplemente lo grande, ni algo más grande, sino precisamente lo más excelso ha de ser el objeto de nuestros esfuerzos intensificados.” Es el “héroe” en nosotros, el que debe reflexionar cuál es nuestra misión de vida.

En nuestro mundo actual, donde priman los valores materiales y donde el rey es el “Yo”, no hay muchas ocasiones de plantearse la vocación. Quizá algunos jóvenes han tenido el regalo de asistir a una ordenación sacerdotal o toma de hábito, y se lo han planteado al darse cuenta que aquellos que han seguido ese camino se los ve plenos, realizados, felices y lo empiezan a considerar como una opción de vida.

Recuerdo que a mí, la primera vez que se me pasó por la cabeza que la vida religiosa era una opción, fue al leer un libro sobre Bárbara Kast, una joven chilena del Movimiento, una chica alegre, líder, llena de vida, que se cuestionaba su vocación. Luego también me llamó mucho la atención haber visto en Schoenstatt, Alemania, a tantas hermanas con rostros felices... Hace poco una hermana de grupo de la Juventud nos recordó que encontramos nuestro nombre de grupo en el balde de una camioneta, y debo reconocer que la formulación definitiva de mi ideal personal “se me vino” una vez cuando estaba tomando la sopa. El Padre Kentenich decía que Dios era un Dios de la Vida y te habla a través de personas que están a tu alrededor o en cosas sencillas de la vida diaria. Por tanto, hay que afinar el oído, por que cuando Dios llama, no viene un coro de ángeles a anunciarlo.

Sea cual sea la vocación... lo importante es planteárselo, hacerse la pregunta, rezarlo. Este planteamiento puede servir también para encontrar la misión de la vida de cada uno. Hay una gran diferencia entre simplemente ir con la corriente, enamorarse y casarse, que antes habérselo planteado y haber decidido que el matrimonio es el camino para uno, con todo lo que eso implica.

El camino de la vida religiosa parece el más difícil, hay un gran temor, el de equivocarse. Pero si se tiene esta inquietud, es muy bueno compartirlo con alguien que pueda asesorar, ayudar a discernir. Incluso si después de un proceso uno sigue el llamado, y después de un tiempo no resultó ser, siempre será una excelente experiencia. Algo que ayudará a la persona a madurar y a ver las cosas desde otro punto de vista, a conocerse mejor y a tener más claro lo que Dios quiere de uno. Lo digo por experiencia.

Tengo que hacer una aclaración... la verdad es que todos tenemos la misma vocación... Talvez esto suene confuso, pero dejemos que el Padre Kentenich lo explique:

“Nuestro esfuerzo, en cualquier profesión, ya sea si soy asistente del hogar, profesora o trabaje en un negocio, así como cada uno tiene una profesión, tenemos una profesión como Familia: y lo mismo sucede con los religiosos, tienen la profesión de la santidad. Nuestra profesión es aspirar a la santificación de la vida diaria; quien se conoce a sí mismo comprenderá correctamente. Realizar todo en forma perfecta hasta en los más mínimos detalles de la vida cotidiana y hacerlo por un amor sublime a Dios exige el esfuerzo de todas las fuerzas morales. Eso exige una fuerza moral heroica. (...)

Comprueben si acaso no es verdad que quien despierta el héroe en nosotros es quien nos pone las mayores exigencias. Seguro que en nuestra vida hay momentos en que tenemos tendencia a relajarnos. Pero no lo soportamos durante mucho tiempo. Apenas se despierta lo noble en nosotros, no estamos conformes con los placeres, ni con todo aquello que nos hace egoístas y apegados al yo. Entonces surge la tremenda tendencia en mí a dejarlo todo y entregarme a una gran misión.” (Padre José Kentenich, Pláticas en Suiza, 1938)
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