domingo, agosto 20, 2006

Días de Cielo en el Cañón del Infierno


Aquí les paso un relato que hice para schoenstatt.de de mi última aventura schoenstattiana, esta vez en el wild wild west.



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Días de cielo, de encuentro familiar, celebraciones litúrgicas y divertidas actividades al aire libre. En esas palabras se puede resumir el retiro para familias católicas que tuvo lugar del 10 al 13 de Agosto en Hells Canyon (Cañón del Infierno), en Oregon, en el cual se dio a conocer la espiritualidad de Schoenstatt.

Hace ya 15 años que un grupo de familias que se han propuesto vivir profundamente su fe católica, se reúnen para llevar a cabo un retiro de fin de semana en una casa de campo en Hells Canyon rodeada de un hermoso río, a la cual sólo se accede por un movedizo puente colgante. La casa es rústica, no hay señal de teléfono celular y se llega tomando unos caminos serpenteantes por una ruta bellísima. Las familias traen sus tiendas de campaña y acampan afuera de la casa. Por lo general han traído a diferentes sacerdotes a dar los retiros, pero este año querían conocer sobre Schoenstatt. Fue así que Marge Rolen, una activa apóstol de Oregon, ayudó a organizar y logró que viniera la Hna. M. Petra a dar el retiro a los adultos. Vino también la Hna. María Elena Vilches a hacerse cargo de las más chicas. Un jóven líder parroquial se encargó de los chicos.

El retiro comenzó el Jueves 10 de Agosto por la noche, de repente, se fue la electricidad, el teléfono y el agua, pero no se inmutaron, al día siguiente regresó y el buen tiempo se quedó por el resto del fin de semana. La Hna. M. Petra trató en sus charlas sobre Schoenstatt, el Santuario, la paternidad y maternidad, sobre la educación y la complementación. El horario diario incluía Rosario y Misa, y adoración el Sábado.

Muchas de las familias eran parientes. Había dos parejas de abuelos. Una de ellas, los Klein, tienen 15 hijos, de los cuales 5 estaban presentes en el retiro con sus cónyuges y con sus también numerosos hijos. El abuelo Klein, de ascendencia alemana, comentó que no entiende por qué las parejas de hoy en día tienen apenas uno o dos hijos y piensan que los hijos son una carga. Al contrario, dice él, son una gran alegría y una bendición. De paso, los hijos mayores cuidan de los menores, lo que hace todo más fácil. Él está muy orgulloso de sus hijos y de sus 39 nietos. La prueba de lo que decía se la podía ver, chicos y chicas mayores andaban con sus hermanos bebés a cuestas, e incluso una niña de 4 años, cuidaba con mucha responsabilidad a su hermanita de 2 años. Muchos de estas familias educan a sus hijos en casa, lo cual es una costumbre en familias católicas más devotas. Kathleen, la dueña de Casa que tiene unos 8 hijos también, y cuyo marido no había podido asistir por acompañar a dos hijos a su campeonato de béisbol, andaba por toda la casa preocupándose de todo con su bebé a cuestas y una gran sonrisa en la boca.

Mientras la Hna Petra daba sus pláticas, la Hna. María Elena, que días antes realizó un campamento en una misión de Oregon donde está el Santuario Hogar de este estado, dio charlas a las chicas y también hizo que trabajaran manualidades junto con los chicos, cada uno construyó un Santuario pequeño formado con palitos de helados.

Talvez los momentos más emotivos fueron los del Rosario y la Santa Misa, donde todos, incluidos los niños, rezaban con mucha devoción y cantaban con toda su fuerza. La Santa Misa se llevaba a cabo en la sala de estar, los niños la seguían desde una escalera que llevaba al altillo. El sacerdote que acompañó al grupo varias veces comentaba.. sí, esta es la verdadera Iglesia... estas lindas familias reunidas para rezar y alabar al Señor. El Rosario se rezaba en la terraza, y la Hna. Petra se maravillaba de ver cómo hasta los niños participaban sentaditos con sus rosarios. El sábado por la tarde se realizó una procesión con el Santísimo y una adoración en la “casa del árbol”, que normalmente se utilizaba para juegos o reuniones, pero que se la limpió y arregló para recibir al Señor.

En las tardes, las familias se divertían mucho bañándose en el río o hacían excursiones en el cañón. Las comidas las preparaban un grupo de señoras que venían especialmente para esto, y eran deliciosas, generalmente barbeque, ensaladas, etc.

La Hna. Petra compartió con las familias su experiencia con el Padre Kentenich, y durante la última moche, se mostró un video del Santuario y del Padre Kentenich. Las familias también querían conocer más de la Hermana María Elena, así que dio su testimonio en el que contó como la había marcado su experiencia con la Juventud Femenina. Marge y la Hna. Petra llevaron material y libros que podían ser adquiridos. Una señora sugirió, “qué tal si se graban todos estos libros, se los sube a internet, y así yo puedo descargarlos de internet y bajarlos a mi ipod, y escucharlos en mi auto!” Se espera que algunas de las parejas estén interesadas en formar grupos. Las chicas quieren empezar un grupo y reunirse una vez al mes.

Una de las señoras, Heather, que fue de casualidad porque una amiga la llevó, estaba fascinada de encontrar gente de Schoenstatt en este remoto lugar, ese mismo Schoenstatt de quien una de sus amigas de Argentina (donde pasó un año como adolescente) le había hablado tanto. Heather habla perfecto español con un impecable acento argentino. La Hna. María Elena le pasó material para apóstoles de María y está decidida a empezar un grupo, lo mismo que otra señora de origen colombiano.

Hells Canyon, el cañón del Infierno, a pesar de su nombre, fue un hermoso entorno para este retiro, pero la verdadera belleza vino de dentro de los corazones de estas familias, que aman a la Iglesia e hicieron de estos días, días de cielo. Seguir leyendo el artículo

martes, agosto 15, 2006

Asunción de la Virgen María

María suave brisa de la mañana
Luz que traspasa y envuelve
Cercanía que acoge
Compañía que tranquiliza
Que anima, que afirma

Cuanto te debe haber amado Jesús
Que te llevó al cielo en cuerpo y alma
Cuanto te amamos nosotros que queremos
siempre traerte a nuestra casa
Y tenerte cerca
Y contar contigo
Y sentirte firme
Y experimentarte palpablemente

Entre la gloria y el brillo
Está también el olor a hogar
Entre la luz y los himnos
Está tu reconfortante mirada

Que regalo Madre poderte alabarte por estar en el cielo,
tan arriba, tan glorificada
Y sin embargo cantarte por estar tan cercana, tan nuestra,
tan sencilla, tan amada Seguir leyendo el artículo

viernes, agosto 04, 2006

Sí Padre, Campo de Azucenas




El 15 de Agosto la Juventud Femenina de Schoenstatt celebra su Jubileo No. 75 y la Juventud de Ecuador lo celebra el 5 de Agosto... Quiero compartir dos testimonios... Uno grabado por la ahora Hna. María Elena Vilches y otro escrito por mi querida amiga Pamela Jalil de Castro, quien fue jefa de mi grupo de la Juventud y actualmente es jefa de la Rama de Madres de Guayaquil...

Hna. María Elena



Testimonio de Pamela:

“SI PADRE, CAMPO DE AZUCENAS”

¿Cuál de nosotras que pasó por la Juventud Femenina no se acuerda cómo vibraba su corazón cuando repetíamos el “Si Padre, Campo de Azucenas”?
¿Cuál de nosotras que pasó por la Juventud Femenina, al ver esta bandera azul llena de azucenas no se acuerda cómo esta flor despertaba nuestros más grandes ideales?

La juventud es un periodo maravilloso en la vida del ser humano, todo se vive con intensidad, todo tiene ritmos rápidos, parecería que la vida se nos va a ir y no vamos a alcanzar a realizar nuestras metas, nuestros sueños, nuestros ideales. Esta pasión con la que vivimos puede siempre tomar dos cursos, dos caminos y sin lugar a dudas, que al ser parte de la familia de Schoenstatt, como miembro de la Juventud Femenina, al aspirar ser una pequeña azucena en medio del mundo, nos lleva a optar por un camino muchas veces difícil, pero en definitiva, será el camino de nuestra realización personal como mujeres “plenas” a imagen de María, como hijas pequeñas y predilectas de Dios Padre.
¿Qué puede ser más importante entonces que esto? ¿Cuánta gratitud entonces en nuestros corazones, si debemos mucho de lo que somos a esa participación que algún día tuvimos en esta gloriosa Juventud Femenina?
Ser parte de un grupo de chicas con tus mismos sueños, tus mismas aspiraciones, ideales y anhelos, nos hace estos caminos más fáciles, no somos las únicas que queremos vivir esta vida con un estilo diferente, pertenecemos a una gran Familia que quiere en Alianza de Amor con María, vivir diferente.
Las asesoras que tuvimos jugaron un papel tan importante en este camino, asesoras que nos mostraron delicadamente y con absoluto respeto a nuestra forma de ser y en libertad, el camino a seguir, que nos plantearon estos altos ideales, que con cariño nos acogían, nos llamaban por nuestros nombres, que se preocupaban realmente por cada una de nosotras. Asesoras que nos hicieron tan cercana la imagen de la Santísima Virgen.
Cuanta gratitud con ellas, con cada una de las asesoras, con las dirigentes, con las jefas de rama. Cada una de ellas siempre dispuestas a jugarse todo por el ideal, a consumirse por la misión.

Si hoy nos preguntarán quién fue el presidente del Ecuador que más bien ha hecho al país o el científico que ha aportado más significativamente a la ciencia en los últimos tiempos, a lo mejor dudaremos, pero estoy segura que si nos preguntaran quiénes eran mis compañeras, mis amigas de la juventud, quién era mi asesora y qué hizo que mi paso por la Juventud Femenina fuera tan especial, no demoraremos en traer a la memoria todos los detalles de esa época especial de nuestra vida, que nos marcó y que puso en nosotras pilares fundamentales para que hoy seamos cada una lo que somos, aún con mucho que aprender, pero con convicciones fuertes y sobre todo sabiendo que “Un hijo de María, nunca perecerá”

Como podemos terminar estas cortas palabras sin reconocer que atrás de esta obra maravillosa está siempre la mano de nuestro Creador, el corazón maternal de María y el carisma de nuestro Padre Fundador, que desde el cielo contemplan y se alegran con nosotros por estos maravillosos 75 años de la Juventud Femenina de Schoenstatt.
QUE VIVA LA JUVENTUD FEMENINA DE AYER, HOY Y SIEMPRE!! Seguir leyendo el artículo

martes, agosto 01, 2006

Mafalda

Estos días no he escrito en el blog gracias a la situación entre Líbano e Israel. Es un tema tan políticamente incorrecto que prefiero no emitir mi opinión y es sobre lo que más querría escribir. Generalmente uno sigue la vida a pesar de las malas noticias que llegan de todas partes, pero situaciones como estas como que al menos a mí me influyen como le influían a Mafalda... Todo esto me ha hecho reflexionar sobre la paz. Benedicto XVI nos ha pedido rezar incesantemente por la paz, y para ello, nuestro corazón también debe estar en paz. Y eso requiere la valentía de perdonar , incluso cuando las partes no piden perdón. ¡Un gran esfuerzo! Lo estoy intentando. 'Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen...' Seguir leyendo el artículo

martes, julio 25, 2006

Guayaquil Blues

Hoy son las fiestas patronales de Guayaquil (día del apóstol Santiago). Antes pensábamos que eran las fiestas de fundación, pero resultó ser que los historiadores se habían equivocado. Julio es uno de los meses más hermosos en Guayaquil, entre otras cosas porque el clima se pone más fresco, hay exposiciones, celebraciones y mucha vida.

Mi papá el otro día que me llamó por teléfono me empezó a enumerar las obras y adecuaciones más recientes y los planes futuros, por supuesto que me vinieron unas ganas enormes de buscar alguna excusa y salir corriendo para allá, pero ninguna he encontrado por ahora.

Cada vez que uno va se encuentra con algo nuevo, un nuevo parque, un nuevo puente o paseo, parece mentira tanto despliegue de creatividad. Sería largo ponerme a alabar a la ciudad, a nuestra gente, nuestra comida y nuestro hermoso río, al que se le está sacando todo el provecho del caso, así que sencillamente comparto un pequeño vídeo que hice una vez sobre nuestro Santuario allá donde el sol abrasa ardiendo a la hora de la brisa...

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lunes, julio 03, 2006

¡Por fin! Mis experiencias de Roma en Pentecostés

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Hoy hace un mes que estaba junto a unas cuantas personas (cuatrocientas mil para ser casi exacta) participando de la Vigilia con el Santo Padre en Pentecostés en la Plaza de San Pedro. No pensé que me iba a demorar tanto en poner “a limpio” mis experiencias, pero al volver el 12 de Junio me esperaban horas y horas de recuperar los días perdidos de trabajo, algunos reportes que hacer para un par de revistas en las que colaboro, larguísimas horas de edición del video del encuentro, además de idas al aeropuerto pues he tenido el regalo de que varios miembros de mi familia han pasado por Houston. Esto claro, sin contar toda la emoción y “distraimiento” que proporciona el Mundial de Fútbol. Temo que este relato me va a salir también largo, sólo apto para valientes y pacientes.

Llegué a Roma sin duda alguna, con la especial ayuda de mis ángeles de la guarda, pues en los días previos al viaje pasé por situaciones en la que se notó su presencia, desde el agente del banco que vino desde el cajero automático a entregarme mi tarjeta olvidada, sin la cual no hubiera podido sacar ni un euro en mi viaje, hasta episodios en la carretera que prefiero no mencionar. Lamentablemente ellos requieren también de mi colaboración para que todo salga bien, por lo cual asumo toda la responsabilidad de haber perdido mi primer avión de Houston a Newark por que leí mal la hora de la salida. Gracias a Dios se trataba de un pasaje de millas y la Mater se preocupó (con tanto que le repetí ¡Muestra que eres Reina! – pobre, la he de haber dejado sorda) de que me hicieran otras conexiones y pudiera llegar a Roma el 31 de Mayo, 8 horas más tarde de lo planeado, pero a tiempo de cerrar el mes de María en el corazón de la Iglesia.

Alojé junto a la Hna M. Kornelia, de la Oficina de Prensa de Schoenstatt en la casa de las Religiosas Concepcionistas de la Enseñanza con un grupo de argentinos muy simpáticos, acompañados por el P. Guillermo Cassone, que es todo un personaje, lleno de vida con muy buen humor y muchas historias que contar. Con la Hna. veníamos planeando esto desde hace mucho tiempo, y realmente es un regalo que todo se haya ido dando tan bien, señal de que Dios y la Mater apoyaban el viaje y la tarea. Yo estaba consciente de que iba a trabajar, así que no participé de ninguna visita con el grupo argentino o el ecuatoriano y no fue hasta la última tarde que hice un corto paseo por un par de lugares turísticos de Roma, que ya había tenido oportunidad de visitar otras veces. ¡Ay! si vieran todos los equipitos, cargadores, cablecitos y adminículos que tuve que llevar para poder trabajar y lo llena que estaba mi mochila-carry-on que arrastré esos días por las empedradas calles romanas.

Ese 31, después de un reparador duchazo (no hubo tiempo para descanso) salimos para el Vaticano, pues este día cada año se abren los jardines del vaticano para una peregrinación y rosario. Participó mucha gente de diferentes países que había llegado al encuentro de los Movimientos, lo que le dio un toque internacional. Se escuchaban diferentes lenguas cuando se rezaba el rosario y se cantaba. Lo mejor para mí era ver todos esos pañuelitos con el Santuario de Schoenstatt, y encontrar caras conocidas, en especial de mis coterráneos ecuatorianos. Los guardias no me dejaron quedarme junto a ellos, pero seguí hasta más atrás saludando y tomando vídeo. La tarde estaba despejada y el sol hacia brillar la cúpula de San Pedro. Los peregrinos llevaban velitas encendidas y era todo un espectáculo verlos subiendo por los jardines rezando con tanto fervor. Además de mi camarita de vídeo hacía equilibrios con mí trípode y mi cámara de fotos y anhelaba con todo mi corazón tener un asistente. Me iba quedando atrás mientras iba haciendo tomas y quizá por eso, de repente, nos dieron la indicación de hacernos a un lado, y me di cuenta que había quedado sin querer, a unos diez metros de donde en unos minutos estaría el Santo Padre. Tenía algunas personas delante y casi todo lo tuve que ver por el visor de la cámara, pero estaba impactada de pensar que estaba ahí, tan cerca del Papa, en un lugar tan hermoso, el mismo día que había tenido que tomar dos conexiones de vuelo, que había subido y bajado empinadas escaleras con mis pesados maletines en el terminal de Madrid y la estación del tren en Roma y caminado varias cuadras para llegar al alojamiento porque no me convenció el taxista que por un trayecto tan pequeño le debía pagar 20 euros. Estaba exhausta, no sentía los pies, pero realmente feliz.

Esa tarde la Hna M. Kornelia recuperó a la Auxiliar de la Virgen Peregrina que tiene de base la Oficina de Prensa en Schoenstatt y que había enviado con un bus de la peregrinación alemana. Fue una sorpresa y una experiencia hermosa, ver como, de regreso en el alojamiento, el Padre Guillermo y las misioneras esperaban a la Auxiliar, inquietos como niños que esperan a su mamá. Aprendí que ese es el secreto de los buenos misioneros de la Virgen Peregrina, ella no es simplemente una imagen, en ella ven a la Mater y sus gracias y la comparten con los demás.

A la mañana siguiente, Jueves 1ro de Junio, a seguir con la tarea, después de haber dormido poco pues había que editar el video al menos un poco para poder publicarlo en internet, en el blog de Schoenstatt. La hermana me pidió que vaya a San Pedro, pues a las 9 am el grupo alemán iba a celebrar la misa en el altar del fondo, debajo de esa bellísima imagen del Espíritu Santo de alabastro. Quería que grabe la prédica del P. Walter. No tenía mapa así que no encontré la estación de metro más cercana y caminé a la otra que estaba mucho más lejos. Corrí pero llegué tarde, y tuve mis segundos encuentros con los guardias del Vaticano, no me dejaban tomar vídeo ni usar trípode, hasta que Tere o Emilia Loor (son tan amorosas, cálidas y preocupadas ambas que se me confunde cuál fue) me dijo que me vaya por el pasillo de la izquierda hacia adelante. Así lo hice, y ya los guardias no me molestaron más. Claro que entremedio se me terminó la batería en medio de uno de los cantos (y una hermanita muy querida que ha estudiado comunicación audiovisual por varios años me sugirió por e-mail que no corte los cantos.. le aclaré que había sido la batería... falta de previsión al fin y al cabo.)Por supuesto no llegué ni remotamente a tiempo para la prédica.

Luego de visitar la tumba de Juan Pablo II y quedarme rezando ahí por un rato, me dirigí a la Oficina de Prensa del Vaticano, a ver si había resultado la gestión de poder conseguir acreditación como periodista. Todo estaba en orden y una hermana Paulina muy atenta y cercana se tomó todo el tiempo del mundo en explicarme cada detalle y había solicitado para mí además la acreditación para poder tomar fotos, la cual me darían días mas tarde. Me recomendó que cuidara mucho la tarjeta de identificación, pues con ella se abría automáticamente la puerta. Me mostraron el lugar donde podríamos trabajar y obtener acceso a internet wireless, no era gratis pero igual sería útil y muy necesario para los próximos días. Al salir de ahí, qué creen, unos pasos más adelante, dos señores alemanes de Schoenstatt me empezaron a llamar con un Hallo! pues se me había caído, ya, tan rápido, la tarjeta de identificación. Los ángeles de la guarda en acción.

Luego de poder por fin sacar dinero de un cajero automático, lo primero que hice fue comprar una botella de agua y un mapa. Y me puse en camino al lugar donde comenzó o al menos se encendió mi amor por Schoenstatt y la Iglesia, el Santuario Cor Ecclesiae en Roma. Fue en Mayo de 1989, visitábamos el lugar donde se estaba construyendo el Santuario luego de la Audiencia con el Papa Juan Pablo II en la cual habíamos estado muy cerca de él, lo habíamos tocado y sentido toda la fuerza y la gracia de estar en su presencia. Desde el terreno, en ese entonces, se podía ver claramente la cúpula de San Pedro y no sé, tuve una especie de “caída de caballo”, no lo sé explicar, pero desde entonces me apasiona la misión de Schoenstatt para la Iglesia.

En el Santuario estuve al menos una hora, rezando y paseando, también tomando fotos y vídeo, es como un oasis de tranquilidad en medio del trajín de Roma. Además lo gocé especialmente porque no había pisado un Santuario de Schoenstatt en cinco meses. Qué lujo, estar en uno de mis Santuarios favoritos.

Luego de otra noche corta, el Viernes a primera hora salimos para la Oficina de Prensa del Vaticano a trabajar. Ese lugar se convirtió en nuestra casa en esos días. La hermana que nos atendió nos contó que en la casa donde ahora tenían su casa general, el Padre Kentenich había escrito un documento importante, no recuerdo bien cuál, pues en uno de sus viajes a Roma se había alojado ahí cuando la Casa pertenecía a otra congregación. Así que para ella Schoenstatt era como familia. Y se emocionaba con la imagen del Santuario de nuestras pañoletas. Unos días después le regalé una imagen pequeñita con la forma de la Virgen Peregrina y se impresionó, una y otra vez repasaba la imagen del Santuario que enmarca a la Mater con sus manos.

Ahí concocimos y compartimos con algunos periodistas del MVC, Aciprensa, Movimento de San Egidio, etc. uno de ellos guayaquileño como yo. (el mundo es pequeño).

Al medio día salimos con la hna. Kornelia y aunque hacía un sol radiante y más temprano hacía algo de calor, se empezó a sentir un viento helado. Comenzó a llover y me empapé mientras le ponía el cobertor a mi carry-on de equipos. Encontré a la Hna Kornela refugiada en uno de esos puestos ambulantes donde venden sanduches y sugirió que nos quedáramos ahí hasta que pasara la lluvia. Qué impactante fue ver que no sólo caía lluvia sino granizo... yo que venía preparada para pasar calor!

Por la tarde hicimos el intento de ir con el grupo argentino a recorrer las huellas del Padre Kentenich en Roma, pero entre que unos se perdieron y además volvió a llover, nos terminamos refugiando en la Iglesia de Sant’ Andrea della Valle, donde tres o cuatro horas más tarde se realizaría la Vigilia preparada por el Movimiento de Schoenstatt. Nos dispusimos a esperar pacientemente. En medio de la espera me llamaban de la oficina en USA, y tuve que tratar algunos temas de trabajo y hasta llamar al servicio que nos hace la nómina para reportar las horas trabajadas por los empleados, claro que escondida en una puerta lateral cerrada, con órgano de fondo...

Antes de la Vigilia los schoenstattianos iban llegando, reconociéndose, saludándose. Fue emocionante saludar por ejemplo a algunas hermanas de Chile y España, que no sabía yo que iban a estar en Roma, o a gente que no había visto en diez años, pero era como si los hubiera visto hace algunas horas.

En la vigilia debía tomar video, pero se me metió en la cabeza que quería tomar fotos y puse mi cámara de fotos en el trípode en vez de la cámara de vídeo. Craso error, las fotos no salieron bien y el vídeo lógicamente movido. Pero algo se puede apreciar de la atmósfera. La vigilia resultó muy buena, organizada, llena de espíritu, lo mejor fueron los cantos y los testimonios. Luego de la vigilia caminamos hasta San Pedro, algunos en peregrinación, yo arrastrando sin sentir los pies mi maletín de equipos, sin importarme si se mojaba o no, pero respondió de lo más bien y agradecí la idea de tener algo que ruede.

En la plaza de San Pedro todo estaba oscuro, pero los cantos y la alegría de los jóvenes la iluminaban, fue un momento inolvidable, de esos que se te quedan grabados en el corazón para siempre. Formaron simbólicamente un Santuario de Luz. Al final se me acercó una señora, que resultó ser periodista de Zenit, mi más admirada publicación, la cual ha acompañado a los católicos por muchos años y gracias a la que tanto he aprendido. Conversamos un rato, le había impactado la canción del P. Reinisch que cantaron los jóvenes con tanta fuerza y me preguntó sobre ese tema y sobre Schoenstatt.

Llegó el Sábado, el día más importante. Otra vez mi imprevisión no pudo ser impedida por mis santos patrones (los ángeles de la guarda). Como la Vigilia era en la tarde y salíamos temprano para la Oficina de Prensa, dejé parte de mi equipo: mi trípode y el zoom de la cámara de fotos, pues pensé que tendría tiempo de regresar, cambiarme y volver para la Vigilia con el Papa. Nunca me imaginé que la gente empezaría a llegar en masa a las 9 am y que los voluntarios y la policía iban a poner barreras para organizar la llegada de los peregrinos. En un momento, traté de ir a recoger mi credencial para fotografías y cuando regresaba, no me dejaron pasar. La identificación de periodista hacía maravillas con los guardias y policías, pero los voluntarios ni le hacían caso. Me vi sepultada en una aglomeración de gente, y con mucha paciencia tuve que salir y hacer un rodeo de cuarenta minutos para poder llegar de vuelta a la Sala de Prensa. Después de semejante experiencia, no me quedaron ningunas ganas de ir a donde me alojaba para recoger el resto de mis cosas, me tendría que arreglar con lo que tenía, no lo podía creer.

Antes de que llegara el Padre, las personas acreditadas podían tomar fotos y darse vueltas dentro de la Plaza tomando fotos. Ahí comencé a apreciar más la credencial, sin eso no era nadie, con ella abrían todas las puertas. Fui buscando los pañuelos de Schoenstatt pero no estaban en grupo sino despergidados por todas partes. Cuando ya iba a llegar el Papa nos condujeron por una escalera interminable (sobretodo por el peso de mi ahora famoso maletín) hasta el techo sobre las columnas, donde la vista dejaba sin aliento. Cientos de miles de personas alegres, con pañuelos multicolores enmarcadas por un cielo azul y la columnata. Allí también había internet wi-fi, así que me dí el lujo de escribir unas palabras en mi blog.

Los cantos del coro fueron maravillosos, y la llegada del Papa espectacular. La vigilia fue quizá un poco larga, sobretodo para la gente que había estado allí desde las 9 o 10 de la mañana. Pero lo más importante e impactante fue sentir la alegría, la unidad y la unión de la gente con el Papa, con la Iglesia. Los Movimientos son vida y atraen por lo hermoso de su espiritualidad, por su originalidad, por su espíritu apostólico y cercanía a Cristo y a María. El tema del encuentro “La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo” se hizo palpable en esas horas.

Curiosamente, el tibio sol del día, al caer, dio paso a un viento helado en la última parte de la Vigilia, el cual se sentía de manera especial allá arriba sobre las columnas. Puedo decir tranquilamente que ni siquiera rodeada de nieve, había pasado tanto frío en mi vida. Fue una verdadera tortura pero ahí seguí con mi camarita hasta el final. Aquí hago un paréntesis para alabar la labor de los periodistas. Yo lo soy solo de “vocación” y era mi primera experiencia activa. Pero ellos deben soportar las inclemencias del tiempo y olvidarse del hambre y del cansancio. Me pasó a mí, no había dormido ni comido algo decente en varios días (sólo desayunado) pero todo eso ni se me pasaba por la mente. El frío sí, por supuesto, lo tuve muy presente.

La salida fue toda una odisea, otra vez el rodeo de cuarenta minutos para llegar a la estación de metro, donde para mi estupor, hacían cola cientos y cientos de hermanos del camino Neocatecumenal. Me colé lo más que pude hacia dentro, con la ventaja de andar sola y no en grupo (me perdí sin querer de la hna. Kornelia) y con mucha paciencia y persistencia llegué a donde me alojaba, exhausta pero feliz.

Al día siguiente era Pentecostés, fiesta grande y también asistiríamos a la Misa en San Pedro, pero la hermana sugirió con toda la razón del caso, que era mejor asegurar la Misa en la capilla de la casa por si en la otra teníamos que trabajar, cubrir, tomar fotos, etc. Cuando me encontré allí en la misa de las hermanas de la casa donde nos alojábamos, unas 10, en principio me lamenté que siendo una fiesta tan grande estaba ahí en una misa tan sencilla, sin coros ni ceremonias. Resultó que quien celebraba la misa era un sacerdote que creo era superior de su comunidad en España, o por lo menos la conocía bien. Y este sacerdote dio una prédica preciosa. Contó la anécdota de un teólogo romano, que quería conocer mejor quién era el Espíritu Santo, y fue a un lugar muy lejano a ver a otro sacerdote, de quien le habían dicho que podría enseñarle. El sacerdote le dio de comer, compartió con él, rezó con él, y después de cada una de estas actividades el teólogo le preguntaba impaciente que cuándo le iba a enseñar quién era el Espíritu Santo, sin recibir respuesta . Al final el sacerdote le dijo, que el Espíritu Santo estaba cuando se compartía, cuando se rezaba, cuando se amaba, no había una explicación, sino que Él era el amor. Fue un regalo escuchar esa misa y esa prédica. Como dice las escrituras, el Espíritu sopla donde quiere.

Fue bueno haber tenido ya segura la Misa pues durante la solemne celebración en San Pedro ya con mi zoom pude tomar fotos hermosas y disfrutar de la atmósfera. Otra vez el sol resplandecía, ya no había tanta gente y se podía caminar y pasear más libremente. Las banderas, los pañuelos, el viento, la música, la alegría, eran toda una experiencia que elevaba. Dios me tenía además reservada una alegría, a la salida de la Sala de prensa me encontré con tres compañeras de Colegio que habían ido con el MVC. Fue un gozo verlas de nuevo después de tantos años.

En el bus de regreso al alojamiento, cosas del Espíritu, me senté al lado de una señora que resultó ser carismática, de Estados Unidos. Tuvimos una conversación muy profunda. Ella también había tenido que pasar por la traumática experiencia del metro la noche anterior y recordó como para los prisioneros de Auschwitz, donde el Papa había estado una semana antes, uno de los castigos era estar totalmente rodeado y asfixiado por la gente y de cómo Maximiliano Kolbe había resistido rezando y ofreciendo ese sacrificio (al menos eso fue lo que entendí). Me impactó que ella había venido sola desde Estados Unidos, principalmente para demostrar que estaba con el Papa. Talvez era una persona más, pasando desapercibida, pero ese era su motivo, y seguro que pesa para Dios y para la Iglesia. Nos despedimos con un abrazo, como si nos conociéramos de toda la vida.

Por la tarde en el programa seguía un encuentro en el Santuario de Schoenstatt en Belmonte, en las afueras de Roma. La Hna se fue un par de horas antes pero yo preferí descansar un poco y llegar para el comienzo de la liturgia de vísperas. No había ido nunca pero preguntando se llega, tomé el metro y luego encontré la línea de buses. No dudé ni un instante que era ese el autobus que debía tomar pues encontré a dos conocidas – Maria Elena Mari y Libertad Cisneros– a quien saludé con mucha alegría y alivio. Y me senté al lado de alguien que me imaginé era hermana, aunque andaba de seglar y con cara muy familiar. Claro, era la hna Elizabeth, argentina, teóloga, y una persona muy alegre, cálida y llena de vida. Con ella conversamos en el camino sobre el Congreso de los Movimientos, al que ella había asistido y cuando llegamos gentilmente compartió conmigo su paraguas –llovía- o mejor dicho ayudó a proteger mis cámaras.

Casi no tuve oportunidad de conocer el Santuario Matri Ecclesiae, llovió todo el tiempo. Esta vez sí usé el trípode y al editar me doy cuenta de que hace toda la diferencia del mundo. Hubo un rezo de vísperas y el obispo de la diócesis hizo una visita en la que contó que el Santo Padre piensa visitar el Santuario en algún momento.

Me regresé con el grupo ecuatoriano. Tuvimos que esperar largo por los autobuses pero la conversación estuvo entretenida. Luego cené con ellos y contaron lo impresionados que estaban con todo lo vivido. Grabé algunos de sus testimonios, que están en uno de los reportes que hice. ¡Mi gente! Qué maravilla poder compartir con ellos. Siempre tan espontáneos y generosos.

Para muchos el programa oficial terminó ese Domingo, pero el Lunes 5 de Junio todavía teníamos otro acontecimiento que cubrir. Sacamos fuerza de donde no teníamos y antes de las 7am estuvimos afuera de San Pedro donde la Presidencia General celebraría una misa en las catacumbas de la basílica. Otro día espectacular, fueron llegando los superiores de la comunidad de Padres, del Instituto de Familias, de la Federación de Familias, Hermanos de María, Nuestra Señora de Schoenstatt, Federación de Mujeres, etc. Mientras hacíamos la fila para entrar a San Pedro me preguntaba dónde estarían las hermanas, y me imaginé que como hay varias hermanas que trabajan en el Vaticano, seguramente habrían entrado por alguna puerta más importante y ya estarían adentro. Dí en el clavo.

Ese día la Presidencia General de Schoenstatt entregaría los Estatutos del Movimiento de Schoenstatt para revisión y aprobación en el Pontificio Consejo de los Laicos. Empezaron con la Santa Misa en una capilla pequeña presidida por un hermoso ícono de la Virgen con el Niño. Como buenos alemanes (en su mayoria) cantaron muy bonito y en diferentes voces, aunque a veces los cantos se confundían con los de las capillas vecinas, también con grupos de alemanes. Sí, aunque parezca curioso, el Movimiento que tiene casi 100 años, no ha tenido hasta ahora un estatuto aprobado por la Iglesia, según escuché comentar (todo era en alemán) hasta ahora las comunidades autónomas se han ocupado más de sí mismas, de consolidar sus fundaciones, y ya es hora de ocuparse de la unión, o de lo que une a todos, el Movimiento, la Obra.

Luego de la Santa Misa, se dividieron en grupos y los Ñuño, del Instituto de familia, españoles simpatiquísimos, invitaron a los dos hermanos de María y a la Hna. Kornelia (y yo ni modo, de colada) a tomar desayuno, con unos cappuccinos y crossaints exquisitos.

Tomamos el autobús hasta la Iglesia de Pallotti y a las 10 am el grupo se volvió a encontrar para llevarle a San Vicente Pallotti los estatutos, ya que la misión de Schoenstatt está muy ligada a él, pues el P. Kentenich prometió continuar con su misión de agrupar las fuerzas apostólicas de la Iglesia.

A las 11 y media era la cita en el Consejo de los Laicos, y el grupo caminó por las pintorescas callecitas de Trastavere e hizo tiempo en la Iglesia de Santa María y en un café al pie de la Iglesia. Era curioso ver a los máximos dirigentes de Schoenstatt, a los que poco se ve y de los que poco se sabe, en una atmósfera más distendida que la ordenada y formal de Schoenstatt.

Puntualmente llegaron a la Cita, saludaron con algunos funcionarios y los esperaba sonriente la Hna. María del Pilar Mendieta, que trabaja también ahí. Se reunieron en una sala de conferencias y llegó a saludarlos Mons, Rylko y luego presidió el momento Mons. Clemens, alemán, quien habló largo, y bueno, se me hizo más largo porque no entendía nada. La ley de Murphy dice algo así como que cuando algo tiene que salir mal sale muy mal, y me di cuenta que se me estaba acabando la cinta y la batería, así que tuve que ahorrar tiempo y sudar frío para que me alcance para el momento más importante, la entrega de los estatutos, con las justas lo logré.

Aquí terminaron las obligaciones laborales y periodísticas. Al regresar al Vaticano, lamenté que no pude encontrar al grupo ecuatoriano -habíamos quedado en encontrarnos en la embajada de Ecuador- así que decidí ir a donde me alojaba, dejar todas mis cosas, salir con mi mapa a recorrer un poco. Me tomé el tiempo de sentarme largo en las escalas de la Plaza de España y de recostarme como lagartija en un lugar no tan lleno de gente de la Fontana de Trevi, saborear un verdadero gelato y visitar algunas iglesias.

Al día siguiente tomamos un taxi hasta Fumicino, un aeropuerto pequeño desde donde sale Ryan Air, una de esas aerolíneas baratas, en la cual no asignan asientos, se tiene que subir por escalerilla, no brindan nada de beber o comer y los asientos no se reclinan. Aún así me las ingenié para dormir, al menos intermitentemente. En el aeropuerto la hermana tomó su autito naranja y ¡qué cambio de paisaje! el hermoso campo alemán. Llegamos al ordenado, pacífico y luminoso Schoenstatt y como cada vez que he llegado después de un trajinado itinerario, me sentí como en el cielo. Tuve algo de tiempo para decantar todo lo vivido, compartir con los ecuatorianos, visitar al Padre y a la Mater en su Santuario, pasear en bicicleta por las orllas del Rhin mientras el sol caía, deleitarme con el curry wurst, y contagiarme con el espíritu del Mundial. Seguir leyendo el artículo

sábado, julio 01, 2006

Álbum de fotos actualizado


Algunas fotos recientes de Roma y Schoenstatt están en el álbum de .mac (ver link a la derecha) Seguir leyendo el artículo

domingo, junio 25, 2006

Desde la mitad del mundo al Corazón de la Iglesia

Publicado en schoenstatt.de



Un grupo pequeño en número pero grande de corazón representó a Schoenstatt de Ecuador en el Encuentro del Santo Padre con los Movimientos en Pentecostés. Estuvieron acompañados por las Hnas. María Emilia y María Andrea y donde iban hacían sentir su presencia por su alegría, preocupación por los demás y amor a la Mater.


Durante su visita tuvieron el regalo de ver de cerca cuatro veces al Santo Padre, en la Audiencia del Miércoles 30 de Mayo, en la peregrinación por los Jardines del Vaticano, en la Vigilia de Pentecostés y la Misa del domingo 4 de Junio. Comentaron lo cercano que era Benedicto XVI, cómo se detenía con cada uno, a saludar, a bendecir.

Estaban también muy impactados con el ambiente que se vivió esos días en el Vaticano, cuenta la Hna María Emilia: “A la Hna. Ma Andrea y a mí nos tocó estar en una esquina por la que entraba mucha gente a la Plaza, estábamos “como en vitrina”, toda la gente se acercaba a la Matercita, a la Virgen Peregrina, a besarla, a tomarle fotos. Fue una experiencia hermosa, sentirse que somos uno, alegrarse por el otro, o conocer fundadores, verlos aquí vivos. Como decía el Padre Eduardo Aguirre, en el siglo pasado empezaron estos movimientos laicales y Schoenstatt es el primero de todos estos Movimientos, de este fuego del espíritu. Yo he estado en otras actividades del Santo Padre cuando vivía en Roma, incluso estuve en el Año Santo, pero nunca viví así una experiencia tan bonita, se sentía una atmósfera hermosísima, ese sentirnos compactos junto al Papa es algo inexplicable. Dicen que la gente viene en más número a las audiencias que antes. Fue la semilla de Juan Pablo II, que le enseñó a la gente a venir pero igual se siente la presencia del Papa.”



Y Ana María Miño, de la Juventud Femenina de Schoenstatt de Guayaquil manifiesta: “Me parece maravilloso ver cómo no hay límite de edad, desde chiquitos hasta personas muy adultas, no es como un encuentro mundial de jóvenes, donde todos son jóvenes, si no que es toda la familia católica cristiana. Es maravilloso ver como la fe es una sola, desde un pequeñito hasta un anciano. Yo nunca he estado en un encuentro mundial de la Juventud, pero me parece que esto es algo que te llena el alma, no sólo eres tú como joven, es la Iglesia misma. En la Vigilia veía los niños y como los alzaban, pensaba, qué hermoso, estos niños crecerán y ya desde ahora son parte de la iglesia, son el futuro de la Iglesia.“

La Hna Ma Andrea comenta: “Pensar que estaba hasta vía de la Conciliación todo repleto de gente, y sin embargo somos unos pocos representantes de una Iglesia más grande, que puede cambiar el mundo, sí se puede cambiar el mundo. Algo lindo fue que cuando estábamos en una esquina con una imagen de la Virgen Peregrina, y cuando el Papa pasó, él le hizo una venia a la Mater, y nos miró, y nos sonrió. Es una experiencia inolvidable.”

En Roma el grupo aprovechó también de visitar las huellas del Padre Kentenich en Roma. Un punto culminante fue cuando en la Iglesia de San Vicente Pallotti, un pallotino los hizo emocionar y hasta derramar lágrimas cuando les habló hermosamente sobre el Padre Fundador y de cómo Schoenstatt era el portador de la misión de Pallotti.

El grupo se dirigió a Schoenstatt, Alemania, superando algunos obstáculos como el límite de peso del equipaje en Ryan Air, (tuvieron que repartir el peso en todas las maletas del grupo). Al llegar al orden de Schoenstatt se sintieron como en casa y aprovecharon de recorrer todos los lugares santos. Hubo reencuentros con ecuatorianas y sus familias que viven en Alemania, hermanas ecuatorianas y los Padres Pablo Pelaez y José Luis Nieto. Fieles al ideal del Santuario de Guayaquil “Familia del Padre, Hogar para el Mundo” se experimentó en torno a ellos una verdadera familia, pues del ecuatoriano destacan su acogimiento, preocupación por los demás, alegría y espontaneidad.





El viernes 9 de Junio fue un día muy especial, visitaron Metternich, en donde la Hna. María Emilia les explicó de forma muy interesante la vida de la Hna. Emilie y su espiritualidad. Luego de pasar unas horas por Koblenz de compras, llegó el momento tan esperado. El Padre Egon (xxx) que fue párroco en Santo Domingo de Ecuador, había invitado al grupo a ver el primer partido de Ecuador en el Mundial, a la casa Marienau, de donde es Rector. El amarillo, azul y rojo y los gritos de alegría inundaron el lugar y el grupo celebró con torta y bebidas el triunfo de su selección ante Polonia.

Antes de irse, el Lunes 12 de Junio cinco integrantes del grupo sellaron su alianza de Amor en el Santuario Original en una misa celebrada por el Padre José Luis Nieto y una pareja que tiene ocho hijos, celebró sus 23 años de matrimonio.

Con su espíritu filial, apertura a todo lo positivo y amor a Dios y a la Mater, esos días de peregrinación de los ecuatorianos fueron días especiales de gracias y seguramente marcaron a todos sus integrantes.
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jueves, junio 15, 2006

El orgullo de ser ecuatorianos



Es muy fácil escribir alabando (o auto-alabando) a los ecuatorianos después de que nuestra selección pasó a los octavos de final del mundial en tan solo dos partidos, y jugando maravillosamente bien. Pero esta entrada de blog la traía en mi cabeza desde hace varios días, la meditaba en Roma y en Alemania.

Los que hemos vivido fuera de Ecuador, experimentado otras mentalidades y culturas, apreciamos y valoramos la forma de ser del ecuatoriano, que en su mayoría son trabajadores, honrados, acogedores y solidarios. Y me permito hacer estas apreciaciones porque yo no me considero una típica ecuatoriana, es como si lo viera desde afuera, aunque lógicamente estoy muy orgullosa de mi país y su gente.

En los días que pasamos en Roma y Schoenstatt pudimos compartir con gente de muchos países. Qué respiro fue encontrar a un grupito de 10, 12 ecuatorianos que representaban a Schoenstatt de nuestro país en el encuentro del Santo Padre con los Movimientos y nuevas comunidades en Pentecostés en Roma.

La reflexión comenzó cuando salíamos caminando por una calle en construcción del Santuario de Belmonte a las afueras de Roma. Había llovido y todos estábamos cansados y con los pies destrozados, sabiendo que en la parada de autobus tendríamos que esperar por lo menos media hora. Vimos como salían buses de peregrinos schoenstattianos europeos y algún grupo latinoamericano medio vacíos y comentamos con una hermana que si esos buses fueran de ecuatorianos, habrían hecho entrar a cuantos cupieran y los hubieran llevado de regreso a Roma. La hermana me contó que esos días en el Vaticano se habían hechos amigos del embajador ecuatoriano y que éste les había comentado como nadie jamás le va con una queja sobre los ecuatorianos, todos aprecian que son trabajadores y atentos.

Ya “en casa”, en Schoenstatt, Alemania pudimos compartir mucho más con este pequeño grupo y apreciar lo preocupados que son por los demás, su servicialidad, su generosidad. Es como que se dan cuenta de todo, son espontáneos, están atentos a lo que otro necesita y se “apersonan”. Los problemas del otro son los propios problemas y todos buscan una solución. Qué refrescante ver ese espíritu. Otra hermana comentaba que si alguien tiene alguna “carencia afectiva” debería ir a Ecuador, allí esa persona se sentiría amada y apreciada.

El día del primer partido de Ecuador contra Polonia, un sacerdote alemán que había sido párroco en Santo Domingo de los Colorados, nos invitó a ver el partido en la casa Marienau, con pantalla gigante, bebidas y tortas. Cuánta alegría compartimos! Fue una experiencia extra-ordinaria, las mujeres servían torta y se preocupaban de que también la gente de otros países que iba llegando estuvieran atendidos, e incluso que la única señora polaca que fue a ver el partido se sintiera como en casa (y en efecto, terminó con un cintillo de Ecuador en la frente). Los hombres dirigían el partido desde sus asientos, dando instrucciones a los jugadores... Una hermana daba instrucciones a la Mater cada vez que los polacos osaban acercarse a la portería ecuatoriana. Todos saltaban y gritaban. ¡Qué alegrón! ¡Viva Ecuador!

Ya de regreso a EEUU el siguiente partido lo vi sola, lo cual tiene algo de ventaja porque pude llorar y tirarme al suelo con toda confianza cuando metían los goles. Y me imaginaba a tanta gente hermosa de mi país, en tantos lugares del mundo celebrando, desde mi sobrino en Brasil, que siempre los ve envuelto en una bandera y con una cruz apretada en la mano, o el guardia de seguridad en Guayaquil con su televisión escondida en su escritorio, el vendedor ambulante en la acera afuera del almacén, el grupo de la oficina en la TV improvisada y toda esa gente afortunada que estaba en Hamburgo. Ese amor por la selección se lo lleva en la sangre y nos une de verdad, se transmite a los hijos (ver las reflexiones de Nicolas) y nos llena de orgullo.

P.D. En Schoenstatt tuve la oportunidad de subirme "de colada" al bus de los ecuatorianos, pero para ser justa, también al de los simpatiquísimos y cariñosos argentinos con los que compartí el alojamiento en Roma". Seguir leyendo el artículo

martes, junio 06, 2006

Encuentros en la Sala de Prensa de la Santa Sede


En frente de la Sala di Stampa con mis compañeras de colegio Sonia María Crespo, Ma del Carmen Campos y Albita Calderón. Seguir leyendo el artículo