martes, agosto 01, 2006

Mafalda

Estos días no he escrito en el blog gracias a la situación entre Líbano e Israel. Es un tema tan políticamente incorrecto que prefiero no emitir mi opinión y es sobre lo que más querría escribir. Generalmente uno sigue la vida a pesar de las malas noticias que llegan de todas partes, pero situaciones como estas como que al menos a mí me influyen como le influían a Mafalda... Todo esto me ha hecho reflexionar sobre la paz. Benedicto XVI nos ha pedido rezar incesantemente por la paz, y para ello, nuestro corazón también debe estar en paz. Y eso requiere la valentía de perdonar , incluso cuando las partes no piden perdón. ¡Un gran esfuerzo! Lo estoy intentando. 'Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen...' Seguir leyendo el artículo

martes, julio 25, 2006

Guayaquil Blues

Hoy son las fiestas patronales de Guayaquil (día del apóstol Santiago). Antes pensábamos que eran las fiestas de fundación, pero resultó ser que los historiadores se habían equivocado. Julio es uno de los meses más hermosos en Guayaquil, entre otras cosas porque el clima se pone más fresco, hay exposiciones, celebraciones y mucha vida.

Mi papá el otro día que me llamó por teléfono me empezó a enumerar las obras y adecuaciones más recientes y los planes futuros, por supuesto que me vinieron unas ganas enormes de buscar alguna excusa y salir corriendo para allá, pero ninguna he encontrado por ahora.

Cada vez que uno va se encuentra con algo nuevo, un nuevo parque, un nuevo puente o paseo, parece mentira tanto despliegue de creatividad. Sería largo ponerme a alabar a la ciudad, a nuestra gente, nuestra comida y nuestro hermoso río, al que se le está sacando todo el provecho del caso, así que sencillamente comparto un pequeño vídeo que hice una vez sobre nuestro Santuario allá donde el sol abrasa ardiendo a la hora de la brisa...

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lunes, julio 03, 2006

¡Por fin! Mis experiencias de Roma en Pentecostés

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Hoy hace un mes que estaba junto a unas cuantas personas (cuatrocientas mil para ser casi exacta) participando de la Vigilia con el Santo Padre en Pentecostés en la Plaza de San Pedro. No pensé que me iba a demorar tanto en poner “a limpio” mis experiencias, pero al volver el 12 de Junio me esperaban horas y horas de recuperar los días perdidos de trabajo, algunos reportes que hacer para un par de revistas en las que colaboro, larguísimas horas de edición del video del encuentro, además de idas al aeropuerto pues he tenido el regalo de que varios miembros de mi familia han pasado por Houston. Esto claro, sin contar toda la emoción y “distraimiento” que proporciona el Mundial de Fútbol. Temo que este relato me va a salir también largo, sólo apto para valientes y pacientes.

Llegué a Roma sin duda alguna, con la especial ayuda de mis ángeles de la guarda, pues en los días previos al viaje pasé por situaciones en la que se notó su presencia, desde el agente del banco que vino desde el cajero automático a entregarme mi tarjeta olvidada, sin la cual no hubiera podido sacar ni un euro en mi viaje, hasta episodios en la carretera que prefiero no mencionar. Lamentablemente ellos requieren también de mi colaboración para que todo salga bien, por lo cual asumo toda la responsabilidad de haber perdido mi primer avión de Houston a Newark por que leí mal la hora de la salida. Gracias a Dios se trataba de un pasaje de millas y la Mater se preocupó (con tanto que le repetí ¡Muestra que eres Reina! – pobre, la he de haber dejado sorda) de que me hicieran otras conexiones y pudiera llegar a Roma el 31 de Mayo, 8 horas más tarde de lo planeado, pero a tiempo de cerrar el mes de María en el corazón de la Iglesia.

Alojé junto a la Hna M. Kornelia, de la Oficina de Prensa de Schoenstatt en la casa de las Religiosas Concepcionistas de la Enseñanza con un grupo de argentinos muy simpáticos, acompañados por el P. Guillermo Cassone, que es todo un personaje, lleno de vida con muy buen humor y muchas historias que contar. Con la Hna. veníamos planeando esto desde hace mucho tiempo, y realmente es un regalo que todo se haya ido dando tan bien, señal de que Dios y la Mater apoyaban el viaje y la tarea. Yo estaba consciente de que iba a trabajar, así que no participé de ninguna visita con el grupo argentino o el ecuatoriano y no fue hasta la última tarde que hice un corto paseo por un par de lugares turísticos de Roma, que ya había tenido oportunidad de visitar otras veces. ¡Ay! si vieran todos los equipitos, cargadores, cablecitos y adminículos que tuve que llevar para poder trabajar y lo llena que estaba mi mochila-carry-on que arrastré esos días por las empedradas calles romanas.

Ese 31, después de un reparador duchazo (no hubo tiempo para descanso) salimos para el Vaticano, pues este día cada año se abren los jardines del vaticano para una peregrinación y rosario. Participó mucha gente de diferentes países que había llegado al encuentro de los Movimientos, lo que le dio un toque internacional. Se escuchaban diferentes lenguas cuando se rezaba el rosario y se cantaba. Lo mejor para mí era ver todos esos pañuelitos con el Santuario de Schoenstatt, y encontrar caras conocidas, en especial de mis coterráneos ecuatorianos. Los guardias no me dejaron quedarme junto a ellos, pero seguí hasta más atrás saludando y tomando vídeo. La tarde estaba despejada y el sol hacia brillar la cúpula de San Pedro. Los peregrinos llevaban velitas encendidas y era todo un espectáculo verlos subiendo por los jardines rezando con tanto fervor. Además de mi camarita de vídeo hacía equilibrios con mí trípode y mi cámara de fotos y anhelaba con todo mi corazón tener un asistente. Me iba quedando atrás mientras iba haciendo tomas y quizá por eso, de repente, nos dieron la indicación de hacernos a un lado, y me di cuenta que había quedado sin querer, a unos diez metros de donde en unos minutos estaría el Santo Padre. Tenía algunas personas delante y casi todo lo tuve que ver por el visor de la cámara, pero estaba impactada de pensar que estaba ahí, tan cerca del Papa, en un lugar tan hermoso, el mismo día que había tenido que tomar dos conexiones de vuelo, que había subido y bajado empinadas escaleras con mis pesados maletines en el terminal de Madrid y la estación del tren en Roma y caminado varias cuadras para llegar al alojamiento porque no me convenció el taxista que por un trayecto tan pequeño le debía pagar 20 euros. Estaba exhausta, no sentía los pies, pero realmente feliz.

Esa tarde la Hna M. Kornelia recuperó a la Auxiliar de la Virgen Peregrina que tiene de base la Oficina de Prensa en Schoenstatt y que había enviado con un bus de la peregrinación alemana. Fue una sorpresa y una experiencia hermosa, ver como, de regreso en el alojamiento, el Padre Guillermo y las misioneras esperaban a la Auxiliar, inquietos como niños que esperan a su mamá. Aprendí que ese es el secreto de los buenos misioneros de la Virgen Peregrina, ella no es simplemente una imagen, en ella ven a la Mater y sus gracias y la comparten con los demás.

A la mañana siguiente, Jueves 1ro de Junio, a seguir con la tarea, después de haber dormido poco pues había que editar el video al menos un poco para poder publicarlo en internet, en el blog de Schoenstatt. La hermana me pidió que vaya a San Pedro, pues a las 9 am el grupo alemán iba a celebrar la misa en el altar del fondo, debajo de esa bellísima imagen del Espíritu Santo de alabastro. Quería que grabe la prédica del P. Walter. No tenía mapa así que no encontré la estación de metro más cercana y caminé a la otra que estaba mucho más lejos. Corrí pero llegué tarde, y tuve mis segundos encuentros con los guardias del Vaticano, no me dejaban tomar vídeo ni usar trípode, hasta que Tere o Emilia Loor (son tan amorosas, cálidas y preocupadas ambas que se me confunde cuál fue) me dijo que me vaya por el pasillo de la izquierda hacia adelante. Así lo hice, y ya los guardias no me molestaron más. Claro que entremedio se me terminó la batería en medio de uno de los cantos (y una hermanita muy querida que ha estudiado comunicación audiovisual por varios años me sugirió por e-mail que no corte los cantos.. le aclaré que había sido la batería... falta de previsión al fin y al cabo.)Por supuesto no llegué ni remotamente a tiempo para la prédica.

Luego de visitar la tumba de Juan Pablo II y quedarme rezando ahí por un rato, me dirigí a la Oficina de Prensa del Vaticano, a ver si había resultado la gestión de poder conseguir acreditación como periodista. Todo estaba en orden y una hermana Paulina muy atenta y cercana se tomó todo el tiempo del mundo en explicarme cada detalle y había solicitado para mí además la acreditación para poder tomar fotos, la cual me darían días mas tarde. Me recomendó que cuidara mucho la tarjeta de identificación, pues con ella se abría automáticamente la puerta. Me mostraron el lugar donde podríamos trabajar y obtener acceso a internet wireless, no era gratis pero igual sería útil y muy necesario para los próximos días. Al salir de ahí, qué creen, unos pasos más adelante, dos señores alemanes de Schoenstatt me empezaron a llamar con un Hallo! pues se me había caído, ya, tan rápido, la tarjeta de identificación. Los ángeles de la guarda en acción.

Luego de poder por fin sacar dinero de un cajero automático, lo primero que hice fue comprar una botella de agua y un mapa. Y me puse en camino al lugar donde comenzó o al menos se encendió mi amor por Schoenstatt y la Iglesia, el Santuario Cor Ecclesiae en Roma. Fue en Mayo de 1989, visitábamos el lugar donde se estaba construyendo el Santuario luego de la Audiencia con el Papa Juan Pablo II en la cual habíamos estado muy cerca de él, lo habíamos tocado y sentido toda la fuerza y la gracia de estar en su presencia. Desde el terreno, en ese entonces, se podía ver claramente la cúpula de San Pedro y no sé, tuve una especie de “caída de caballo”, no lo sé explicar, pero desde entonces me apasiona la misión de Schoenstatt para la Iglesia.

En el Santuario estuve al menos una hora, rezando y paseando, también tomando fotos y vídeo, es como un oasis de tranquilidad en medio del trajín de Roma. Además lo gocé especialmente porque no había pisado un Santuario de Schoenstatt en cinco meses. Qué lujo, estar en uno de mis Santuarios favoritos.

Luego de otra noche corta, el Viernes a primera hora salimos para la Oficina de Prensa del Vaticano a trabajar. Ese lugar se convirtió en nuestra casa en esos días. La hermana que nos atendió nos contó que en la casa donde ahora tenían su casa general, el Padre Kentenich había escrito un documento importante, no recuerdo bien cuál, pues en uno de sus viajes a Roma se había alojado ahí cuando la Casa pertenecía a otra congregación. Así que para ella Schoenstatt era como familia. Y se emocionaba con la imagen del Santuario de nuestras pañoletas. Unos días después le regalé una imagen pequeñita con la forma de la Virgen Peregrina y se impresionó, una y otra vez repasaba la imagen del Santuario que enmarca a la Mater con sus manos.

Ahí concocimos y compartimos con algunos periodistas del MVC, Aciprensa, Movimento de San Egidio, etc. uno de ellos guayaquileño como yo. (el mundo es pequeño).

Al medio día salimos con la hna. Kornelia y aunque hacía un sol radiante y más temprano hacía algo de calor, se empezó a sentir un viento helado. Comenzó a llover y me empapé mientras le ponía el cobertor a mi carry-on de equipos. Encontré a la Hna Kornela refugiada en uno de esos puestos ambulantes donde venden sanduches y sugirió que nos quedáramos ahí hasta que pasara la lluvia. Qué impactante fue ver que no sólo caía lluvia sino granizo... yo que venía preparada para pasar calor!

Por la tarde hicimos el intento de ir con el grupo argentino a recorrer las huellas del Padre Kentenich en Roma, pero entre que unos se perdieron y además volvió a llover, nos terminamos refugiando en la Iglesia de Sant’ Andrea della Valle, donde tres o cuatro horas más tarde se realizaría la Vigilia preparada por el Movimiento de Schoenstatt. Nos dispusimos a esperar pacientemente. En medio de la espera me llamaban de la oficina en USA, y tuve que tratar algunos temas de trabajo y hasta llamar al servicio que nos hace la nómina para reportar las horas trabajadas por los empleados, claro que escondida en una puerta lateral cerrada, con órgano de fondo...

Antes de la Vigilia los schoenstattianos iban llegando, reconociéndose, saludándose. Fue emocionante saludar por ejemplo a algunas hermanas de Chile y España, que no sabía yo que iban a estar en Roma, o a gente que no había visto en diez años, pero era como si los hubiera visto hace algunas horas.

En la vigilia debía tomar video, pero se me metió en la cabeza que quería tomar fotos y puse mi cámara de fotos en el trípode en vez de la cámara de vídeo. Craso error, las fotos no salieron bien y el vídeo lógicamente movido. Pero algo se puede apreciar de la atmósfera. La vigilia resultó muy buena, organizada, llena de espíritu, lo mejor fueron los cantos y los testimonios. Luego de la vigilia caminamos hasta San Pedro, algunos en peregrinación, yo arrastrando sin sentir los pies mi maletín de equipos, sin importarme si se mojaba o no, pero respondió de lo más bien y agradecí la idea de tener algo que ruede.

En la plaza de San Pedro todo estaba oscuro, pero los cantos y la alegría de los jóvenes la iluminaban, fue un momento inolvidable, de esos que se te quedan grabados en el corazón para siempre. Formaron simbólicamente un Santuario de Luz. Al final se me acercó una señora, que resultó ser periodista de Zenit, mi más admirada publicación, la cual ha acompañado a los católicos por muchos años y gracias a la que tanto he aprendido. Conversamos un rato, le había impactado la canción del P. Reinisch que cantaron los jóvenes con tanta fuerza y me preguntó sobre ese tema y sobre Schoenstatt.

Llegó el Sábado, el día más importante. Otra vez mi imprevisión no pudo ser impedida por mis santos patrones (los ángeles de la guarda). Como la Vigilia era en la tarde y salíamos temprano para la Oficina de Prensa, dejé parte de mi equipo: mi trípode y el zoom de la cámara de fotos, pues pensé que tendría tiempo de regresar, cambiarme y volver para la Vigilia con el Papa. Nunca me imaginé que la gente empezaría a llegar en masa a las 9 am y que los voluntarios y la policía iban a poner barreras para organizar la llegada de los peregrinos. En un momento, traté de ir a recoger mi credencial para fotografías y cuando regresaba, no me dejaron pasar. La identificación de periodista hacía maravillas con los guardias y policías, pero los voluntarios ni le hacían caso. Me vi sepultada en una aglomeración de gente, y con mucha paciencia tuve que salir y hacer un rodeo de cuarenta minutos para poder llegar de vuelta a la Sala de Prensa. Después de semejante experiencia, no me quedaron ningunas ganas de ir a donde me alojaba para recoger el resto de mis cosas, me tendría que arreglar con lo que tenía, no lo podía creer.

Antes de que llegara el Padre, las personas acreditadas podían tomar fotos y darse vueltas dentro de la Plaza tomando fotos. Ahí comencé a apreciar más la credencial, sin eso no era nadie, con ella abrían todas las puertas. Fui buscando los pañuelos de Schoenstatt pero no estaban en grupo sino despergidados por todas partes. Cuando ya iba a llegar el Papa nos condujeron por una escalera interminable (sobretodo por el peso de mi ahora famoso maletín) hasta el techo sobre las columnas, donde la vista dejaba sin aliento. Cientos de miles de personas alegres, con pañuelos multicolores enmarcadas por un cielo azul y la columnata. Allí también había internet wi-fi, así que me dí el lujo de escribir unas palabras en mi blog.

Los cantos del coro fueron maravillosos, y la llegada del Papa espectacular. La vigilia fue quizá un poco larga, sobretodo para la gente que había estado allí desde las 9 o 10 de la mañana. Pero lo más importante e impactante fue sentir la alegría, la unidad y la unión de la gente con el Papa, con la Iglesia. Los Movimientos son vida y atraen por lo hermoso de su espiritualidad, por su originalidad, por su espíritu apostólico y cercanía a Cristo y a María. El tema del encuentro “La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo” se hizo palpable en esas horas.

Curiosamente, el tibio sol del día, al caer, dio paso a un viento helado en la última parte de la Vigilia, el cual se sentía de manera especial allá arriba sobre las columnas. Puedo decir tranquilamente que ni siquiera rodeada de nieve, había pasado tanto frío en mi vida. Fue una verdadera tortura pero ahí seguí con mi camarita hasta el final. Aquí hago un paréntesis para alabar la labor de los periodistas. Yo lo soy solo de “vocación” y era mi primera experiencia activa. Pero ellos deben soportar las inclemencias del tiempo y olvidarse del hambre y del cansancio. Me pasó a mí, no había dormido ni comido algo decente en varios días (sólo desayunado) pero todo eso ni se me pasaba por la mente. El frío sí, por supuesto, lo tuve muy presente.

La salida fue toda una odisea, otra vez el rodeo de cuarenta minutos para llegar a la estación de metro, donde para mi estupor, hacían cola cientos y cientos de hermanos del camino Neocatecumenal. Me colé lo más que pude hacia dentro, con la ventaja de andar sola y no en grupo (me perdí sin querer de la hna. Kornelia) y con mucha paciencia y persistencia llegué a donde me alojaba, exhausta pero feliz.

Al día siguiente era Pentecostés, fiesta grande y también asistiríamos a la Misa en San Pedro, pero la hermana sugirió con toda la razón del caso, que era mejor asegurar la Misa en la capilla de la casa por si en la otra teníamos que trabajar, cubrir, tomar fotos, etc. Cuando me encontré allí en la misa de las hermanas de la casa donde nos alojábamos, unas 10, en principio me lamenté que siendo una fiesta tan grande estaba ahí en una misa tan sencilla, sin coros ni ceremonias. Resultó que quien celebraba la misa era un sacerdote que creo era superior de su comunidad en España, o por lo menos la conocía bien. Y este sacerdote dio una prédica preciosa. Contó la anécdota de un teólogo romano, que quería conocer mejor quién era el Espíritu Santo, y fue a un lugar muy lejano a ver a otro sacerdote, de quien le habían dicho que podría enseñarle. El sacerdote le dio de comer, compartió con él, rezó con él, y después de cada una de estas actividades el teólogo le preguntaba impaciente que cuándo le iba a enseñar quién era el Espíritu Santo, sin recibir respuesta . Al final el sacerdote le dijo, que el Espíritu Santo estaba cuando se compartía, cuando se rezaba, cuando se amaba, no había una explicación, sino que Él era el amor. Fue un regalo escuchar esa misa y esa prédica. Como dice las escrituras, el Espíritu sopla donde quiere.

Fue bueno haber tenido ya segura la Misa pues durante la solemne celebración en San Pedro ya con mi zoom pude tomar fotos hermosas y disfrutar de la atmósfera. Otra vez el sol resplandecía, ya no había tanta gente y se podía caminar y pasear más libremente. Las banderas, los pañuelos, el viento, la música, la alegría, eran toda una experiencia que elevaba. Dios me tenía además reservada una alegría, a la salida de la Sala de prensa me encontré con tres compañeras de Colegio que habían ido con el MVC. Fue un gozo verlas de nuevo después de tantos años.

En el bus de regreso al alojamiento, cosas del Espíritu, me senté al lado de una señora que resultó ser carismática, de Estados Unidos. Tuvimos una conversación muy profunda. Ella también había tenido que pasar por la traumática experiencia del metro la noche anterior y recordó como para los prisioneros de Auschwitz, donde el Papa había estado una semana antes, uno de los castigos era estar totalmente rodeado y asfixiado por la gente y de cómo Maximiliano Kolbe había resistido rezando y ofreciendo ese sacrificio (al menos eso fue lo que entendí). Me impactó que ella había venido sola desde Estados Unidos, principalmente para demostrar que estaba con el Papa. Talvez era una persona más, pasando desapercibida, pero ese era su motivo, y seguro que pesa para Dios y para la Iglesia. Nos despedimos con un abrazo, como si nos conociéramos de toda la vida.

Por la tarde en el programa seguía un encuentro en el Santuario de Schoenstatt en Belmonte, en las afueras de Roma. La Hna se fue un par de horas antes pero yo preferí descansar un poco y llegar para el comienzo de la liturgia de vísperas. No había ido nunca pero preguntando se llega, tomé el metro y luego encontré la línea de buses. No dudé ni un instante que era ese el autobus que debía tomar pues encontré a dos conocidas – Maria Elena Mari y Libertad Cisneros– a quien saludé con mucha alegría y alivio. Y me senté al lado de alguien que me imaginé era hermana, aunque andaba de seglar y con cara muy familiar. Claro, era la hna Elizabeth, argentina, teóloga, y una persona muy alegre, cálida y llena de vida. Con ella conversamos en el camino sobre el Congreso de los Movimientos, al que ella había asistido y cuando llegamos gentilmente compartió conmigo su paraguas –llovía- o mejor dicho ayudó a proteger mis cámaras.

Casi no tuve oportunidad de conocer el Santuario Matri Ecclesiae, llovió todo el tiempo. Esta vez sí usé el trípode y al editar me doy cuenta de que hace toda la diferencia del mundo. Hubo un rezo de vísperas y el obispo de la diócesis hizo una visita en la que contó que el Santo Padre piensa visitar el Santuario en algún momento.

Me regresé con el grupo ecuatoriano. Tuvimos que esperar largo por los autobuses pero la conversación estuvo entretenida. Luego cené con ellos y contaron lo impresionados que estaban con todo lo vivido. Grabé algunos de sus testimonios, que están en uno de los reportes que hice. ¡Mi gente! Qué maravilla poder compartir con ellos. Siempre tan espontáneos y generosos.

Para muchos el programa oficial terminó ese Domingo, pero el Lunes 5 de Junio todavía teníamos otro acontecimiento que cubrir. Sacamos fuerza de donde no teníamos y antes de las 7am estuvimos afuera de San Pedro donde la Presidencia General celebraría una misa en las catacumbas de la basílica. Otro día espectacular, fueron llegando los superiores de la comunidad de Padres, del Instituto de Familias, de la Federación de Familias, Hermanos de María, Nuestra Señora de Schoenstatt, Federación de Mujeres, etc. Mientras hacíamos la fila para entrar a San Pedro me preguntaba dónde estarían las hermanas, y me imaginé que como hay varias hermanas que trabajan en el Vaticano, seguramente habrían entrado por alguna puerta más importante y ya estarían adentro. Dí en el clavo.

Ese día la Presidencia General de Schoenstatt entregaría los Estatutos del Movimiento de Schoenstatt para revisión y aprobación en el Pontificio Consejo de los Laicos. Empezaron con la Santa Misa en una capilla pequeña presidida por un hermoso ícono de la Virgen con el Niño. Como buenos alemanes (en su mayoria) cantaron muy bonito y en diferentes voces, aunque a veces los cantos se confundían con los de las capillas vecinas, también con grupos de alemanes. Sí, aunque parezca curioso, el Movimiento que tiene casi 100 años, no ha tenido hasta ahora un estatuto aprobado por la Iglesia, según escuché comentar (todo era en alemán) hasta ahora las comunidades autónomas se han ocupado más de sí mismas, de consolidar sus fundaciones, y ya es hora de ocuparse de la unión, o de lo que une a todos, el Movimiento, la Obra.

Luego de la Santa Misa, se dividieron en grupos y los Ñuño, del Instituto de familia, españoles simpatiquísimos, invitaron a los dos hermanos de María y a la Hna. Kornelia (y yo ni modo, de colada) a tomar desayuno, con unos cappuccinos y crossaints exquisitos.

Tomamos el autobús hasta la Iglesia de Pallotti y a las 10 am el grupo se volvió a encontrar para llevarle a San Vicente Pallotti los estatutos, ya que la misión de Schoenstatt está muy ligada a él, pues el P. Kentenich prometió continuar con su misión de agrupar las fuerzas apostólicas de la Iglesia.

A las 11 y media era la cita en el Consejo de los Laicos, y el grupo caminó por las pintorescas callecitas de Trastavere e hizo tiempo en la Iglesia de Santa María y en un café al pie de la Iglesia. Era curioso ver a los máximos dirigentes de Schoenstatt, a los que poco se ve y de los que poco se sabe, en una atmósfera más distendida que la ordenada y formal de Schoenstatt.

Puntualmente llegaron a la Cita, saludaron con algunos funcionarios y los esperaba sonriente la Hna. María del Pilar Mendieta, que trabaja también ahí. Se reunieron en una sala de conferencias y llegó a saludarlos Mons, Rylko y luego presidió el momento Mons. Clemens, alemán, quien habló largo, y bueno, se me hizo más largo porque no entendía nada. La ley de Murphy dice algo así como que cuando algo tiene que salir mal sale muy mal, y me di cuenta que se me estaba acabando la cinta y la batería, así que tuve que ahorrar tiempo y sudar frío para que me alcance para el momento más importante, la entrega de los estatutos, con las justas lo logré.

Aquí terminaron las obligaciones laborales y periodísticas. Al regresar al Vaticano, lamenté que no pude encontrar al grupo ecuatoriano -habíamos quedado en encontrarnos en la embajada de Ecuador- así que decidí ir a donde me alojaba, dejar todas mis cosas, salir con mi mapa a recorrer un poco. Me tomé el tiempo de sentarme largo en las escalas de la Plaza de España y de recostarme como lagartija en un lugar no tan lleno de gente de la Fontana de Trevi, saborear un verdadero gelato y visitar algunas iglesias.

Al día siguiente tomamos un taxi hasta Fumicino, un aeropuerto pequeño desde donde sale Ryan Air, una de esas aerolíneas baratas, en la cual no asignan asientos, se tiene que subir por escalerilla, no brindan nada de beber o comer y los asientos no se reclinan. Aún así me las ingenié para dormir, al menos intermitentemente. En el aeropuerto la hermana tomó su autito naranja y ¡qué cambio de paisaje! el hermoso campo alemán. Llegamos al ordenado, pacífico y luminoso Schoenstatt y como cada vez que he llegado después de un trajinado itinerario, me sentí como en el cielo. Tuve algo de tiempo para decantar todo lo vivido, compartir con los ecuatorianos, visitar al Padre y a la Mater en su Santuario, pasear en bicicleta por las orllas del Rhin mientras el sol caía, deleitarme con el curry wurst, y contagiarme con el espíritu del Mundial. Seguir leyendo el artículo

sábado, julio 01, 2006

Álbum de fotos actualizado


Algunas fotos recientes de Roma y Schoenstatt están en el álbum de .mac (ver link a la derecha) Seguir leyendo el artículo

domingo, junio 25, 2006

Desde la mitad del mundo al Corazón de la Iglesia

Publicado en schoenstatt.de



Un grupo pequeño en número pero grande de corazón representó a Schoenstatt de Ecuador en el Encuentro del Santo Padre con los Movimientos en Pentecostés. Estuvieron acompañados por las Hnas. María Emilia y María Andrea y donde iban hacían sentir su presencia por su alegría, preocupación por los demás y amor a la Mater.


Durante su visita tuvieron el regalo de ver de cerca cuatro veces al Santo Padre, en la Audiencia del Miércoles 30 de Mayo, en la peregrinación por los Jardines del Vaticano, en la Vigilia de Pentecostés y la Misa del domingo 4 de Junio. Comentaron lo cercano que era Benedicto XVI, cómo se detenía con cada uno, a saludar, a bendecir.

Estaban también muy impactados con el ambiente que se vivió esos días en el Vaticano, cuenta la Hna María Emilia: “A la Hna. Ma Andrea y a mí nos tocó estar en una esquina por la que entraba mucha gente a la Plaza, estábamos “como en vitrina”, toda la gente se acercaba a la Matercita, a la Virgen Peregrina, a besarla, a tomarle fotos. Fue una experiencia hermosa, sentirse que somos uno, alegrarse por el otro, o conocer fundadores, verlos aquí vivos. Como decía el Padre Eduardo Aguirre, en el siglo pasado empezaron estos movimientos laicales y Schoenstatt es el primero de todos estos Movimientos, de este fuego del espíritu. Yo he estado en otras actividades del Santo Padre cuando vivía en Roma, incluso estuve en el Año Santo, pero nunca viví así una experiencia tan bonita, se sentía una atmósfera hermosísima, ese sentirnos compactos junto al Papa es algo inexplicable. Dicen que la gente viene en más número a las audiencias que antes. Fue la semilla de Juan Pablo II, que le enseñó a la gente a venir pero igual se siente la presencia del Papa.”



Y Ana María Miño, de la Juventud Femenina de Schoenstatt de Guayaquil manifiesta: “Me parece maravilloso ver cómo no hay límite de edad, desde chiquitos hasta personas muy adultas, no es como un encuentro mundial de jóvenes, donde todos son jóvenes, si no que es toda la familia católica cristiana. Es maravilloso ver como la fe es una sola, desde un pequeñito hasta un anciano. Yo nunca he estado en un encuentro mundial de la Juventud, pero me parece que esto es algo que te llena el alma, no sólo eres tú como joven, es la Iglesia misma. En la Vigilia veía los niños y como los alzaban, pensaba, qué hermoso, estos niños crecerán y ya desde ahora son parte de la iglesia, son el futuro de la Iglesia.“

La Hna Ma Andrea comenta: “Pensar que estaba hasta vía de la Conciliación todo repleto de gente, y sin embargo somos unos pocos representantes de una Iglesia más grande, que puede cambiar el mundo, sí se puede cambiar el mundo. Algo lindo fue que cuando estábamos en una esquina con una imagen de la Virgen Peregrina, y cuando el Papa pasó, él le hizo una venia a la Mater, y nos miró, y nos sonrió. Es una experiencia inolvidable.”

En Roma el grupo aprovechó también de visitar las huellas del Padre Kentenich en Roma. Un punto culminante fue cuando en la Iglesia de San Vicente Pallotti, un pallotino los hizo emocionar y hasta derramar lágrimas cuando les habló hermosamente sobre el Padre Fundador y de cómo Schoenstatt era el portador de la misión de Pallotti.

El grupo se dirigió a Schoenstatt, Alemania, superando algunos obstáculos como el límite de peso del equipaje en Ryan Air, (tuvieron que repartir el peso en todas las maletas del grupo). Al llegar al orden de Schoenstatt se sintieron como en casa y aprovecharon de recorrer todos los lugares santos. Hubo reencuentros con ecuatorianas y sus familias que viven en Alemania, hermanas ecuatorianas y los Padres Pablo Pelaez y José Luis Nieto. Fieles al ideal del Santuario de Guayaquil “Familia del Padre, Hogar para el Mundo” se experimentó en torno a ellos una verdadera familia, pues del ecuatoriano destacan su acogimiento, preocupación por los demás, alegría y espontaneidad.





El viernes 9 de Junio fue un día muy especial, visitaron Metternich, en donde la Hna. María Emilia les explicó de forma muy interesante la vida de la Hna. Emilie y su espiritualidad. Luego de pasar unas horas por Koblenz de compras, llegó el momento tan esperado. El Padre Egon (xxx) que fue párroco en Santo Domingo de Ecuador, había invitado al grupo a ver el primer partido de Ecuador en el Mundial, a la casa Marienau, de donde es Rector. El amarillo, azul y rojo y los gritos de alegría inundaron el lugar y el grupo celebró con torta y bebidas el triunfo de su selección ante Polonia.

Antes de irse, el Lunes 12 de Junio cinco integrantes del grupo sellaron su alianza de Amor en el Santuario Original en una misa celebrada por el Padre José Luis Nieto y una pareja que tiene ocho hijos, celebró sus 23 años de matrimonio.

Con su espíritu filial, apertura a todo lo positivo y amor a Dios y a la Mater, esos días de peregrinación de los ecuatorianos fueron días especiales de gracias y seguramente marcaron a todos sus integrantes.
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jueves, junio 15, 2006

El orgullo de ser ecuatorianos



Es muy fácil escribir alabando (o auto-alabando) a los ecuatorianos después de que nuestra selección pasó a los octavos de final del mundial en tan solo dos partidos, y jugando maravillosamente bien. Pero esta entrada de blog la traía en mi cabeza desde hace varios días, la meditaba en Roma y en Alemania.

Los que hemos vivido fuera de Ecuador, experimentado otras mentalidades y culturas, apreciamos y valoramos la forma de ser del ecuatoriano, que en su mayoría son trabajadores, honrados, acogedores y solidarios. Y me permito hacer estas apreciaciones porque yo no me considero una típica ecuatoriana, es como si lo viera desde afuera, aunque lógicamente estoy muy orgullosa de mi país y su gente.

En los días que pasamos en Roma y Schoenstatt pudimos compartir con gente de muchos países. Qué respiro fue encontrar a un grupito de 10, 12 ecuatorianos que representaban a Schoenstatt de nuestro país en el encuentro del Santo Padre con los Movimientos y nuevas comunidades en Pentecostés en Roma.

La reflexión comenzó cuando salíamos caminando por una calle en construcción del Santuario de Belmonte a las afueras de Roma. Había llovido y todos estábamos cansados y con los pies destrozados, sabiendo que en la parada de autobus tendríamos que esperar por lo menos media hora. Vimos como salían buses de peregrinos schoenstattianos europeos y algún grupo latinoamericano medio vacíos y comentamos con una hermana que si esos buses fueran de ecuatorianos, habrían hecho entrar a cuantos cupieran y los hubieran llevado de regreso a Roma. La hermana me contó que esos días en el Vaticano se habían hechos amigos del embajador ecuatoriano y que éste les había comentado como nadie jamás le va con una queja sobre los ecuatorianos, todos aprecian que son trabajadores y atentos.

Ya “en casa”, en Schoenstatt, Alemania pudimos compartir mucho más con este pequeño grupo y apreciar lo preocupados que son por los demás, su servicialidad, su generosidad. Es como que se dan cuenta de todo, son espontáneos, están atentos a lo que otro necesita y se “apersonan”. Los problemas del otro son los propios problemas y todos buscan una solución. Qué refrescante ver ese espíritu. Otra hermana comentaba que si alguien tiene alguna “carencia afectiva” debería ir a Ecuador, allí esa persona se sentiría amada y apreciada.

El día del primer partido de Ecuador contra Polonia, un sacerdote alemán que había sido párroco en Santo Domingo de los Colorados, nos invitó a ver el partido en la casa Marienau, con pantalla gigante, bebidas y tortas. Cuánta alegría compartimos! Fue una experiencia extra-ordinaria, las mujeres servían torta y se preocupaban de que también la gente de otros países que iba llegando estuvieran atendidos, e incluso que la única señora polaca que fue a ver el partido se sintiera como en casa (y en efecto, terminó con un cintillo de Ecuador en la frente). Los hombres dirigían el partido desde sus asientos, dando instrucciones a los jugadores... Una hermana daba instrucciones a la Mater cada vez que los polacos osaban acercarse a la portería ecuatoriana. Todos saltaban y gritaban. ¡Qué alegrón! ¡Viva Ecuador!

Ya de regreso a EEUU el siguiente partido lo vi sola, lo cual tiene algo de ventaja porque pude llorar y tirarme al suelo con toda confianza cuando metían los goles. Y me imaginaba a tanta gente hermosa de mi país, en tantos lugares del mundo celebrando, desde mi sobrino en Brasil, que siempre los ve envuelto en una bandera y con una cruz apretada en la mano, o el guardia de seguridad en Guayaquil con su televisión escondida en su escritorio, el vendedor ambulante en la acera afuera del almacén, el grupo de la oficina en la TV improvisada y toda esa gente afortunada que estaba en Hamburgo. Ese amor por la selección se lo lleva en la sangre y nos une de verdad, se transmite a los hijos (ver las reflexiones de Nicolas) y nos llena de orgullo.

P.D. En Schoenstatt tuve la oportunidad de subirme "de colada" al bus de los ecuatorianos, pero para ser justa, también al de los simpatiquísimos y cariñosos argentinos con los que compartí el alojamiento en Roma". Seguir leyendo el artículo

martes, junio 06, 2006

Encuentros en la Sala de Prensa de la Santa Sede


En frente de la Sala di Stampa con mis compañeras de colegio Sonia María Crespo, Ma del Carmen Campos y Albita Calderón. Seguir leyendo el artículo

lunes, junio 05, 2006

Como Fuego Vivo

Come Fuoco Vivo


(sin tildes temporalmente)
Tengo entendido que este canto es de los focolares. Desde que lo escuche me gusto mucho, este es un preview de un slideshow que estoy haciendo con ese canto. No esta en muy buena resolucion... lo publicare mejor cuando tenga internet decente... je,je.
Tengo mucho que escribir. Todavia estoy decantando... Seguir leyendo el artículo

sábado, junio 03, 2006

Sobre las columnas de San Pedro

Estoy escribiendo en una pausa antes de las Vísperas que se rezarán con el Santo Padre en el marco del encuentro de los Movimientos.
Ha sido un día muy lleno, desde las 10 am la gente ya estaba llegando. En un momento quise ir a recoger la acreditación para poder tomar fotos y resultó que regresar a la Sala de Prensa de la Santa Sede fue toda una odisea, tuve que dar rodeos, había tanta gente!!
Estuve ya en la tarde dando vueltas dentro de la Plaza de San Pedro tomando fotos, esto de tener credenciales es un lujo... y uno cuida la credencial como oro puro.
La gente de Schoenstatt no está junta así que trataba de buscarlos por ahí tomando fotos.
Ahora el deber llama, voy a filmar algo. Estoy sobre las columnas, con el resto de periodistas bajo un sol abrasador y el paisaje es impresionante!






Photos: A. Santos - pos





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viernes, junio 02, 2006

Saludos desde Roma


Con un poco de dificultad... pero llegué. Perdí uno de mis vuelos por distraída... Gracias a Dios y a mis ángeles de la guarda, que han estado muy ocupados últimamente, llegué a Roma 8 horas después de lo planeado y después de varios cambios de aviones...

Me parecía mentira, después de haber estado acarreando mis maletas por todos lados (Newark, Madrid, Roma) que al final de ese largo día estaba nada menos que en los Jardines del Vaticano y a 10-15 metros del Papa.

En el video se puede sentir algo del ambiente. Cientos de personas de todas partes del mundo, muchos de ellos schoenstattianos (ver pañoletas con santuarios amarillo - azul), caminando rezando el rosario con velitas, en el marco extraordinario de un atardecer y la cúpula de San Pedro.

El sábado 3 de Junio se celebra un encuentro de Movimientos con el Papa y por eso Roma está llena de gente de todas partes del mundo.

Esta vez me da risa que no creo que tenga ni una oportunidad de ver los monumentos típicos de Roma, pues estoy ayudando a la Oficina de Prensa de Schoenstatty el tiempo queda corto. Es más, estoy escribiendo esto desde la Sala de Prensa de la Santa Sede y fascinada con la acreditación como prensa ante la Santa Sede.. (la cual ayer casi perdí cinco minutos después de que me la dieron).

He caminado en dos días.... lo que no hacía en mucho, mucho tiempo. En Houston sólo se anda en auto, aquí es mejor tomar metros o autobuses, y por tanto caminar hasta la estación, subir y bajar escaleras con bolsos de equipos a la mano es toda una aventura y ya tengo lógicamente ampollas en los pies.. pero vale la pena la experiencia.

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